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domingo, 17 de octubre de 2021

La vida cambia

Hace un par de días estaba platicando con una amiga y  me causó bastante sorpresa que me comentó que se iba a mudar pronto. Fue entonces que me he puesto a pensar en lo impredecible que es la vida. Mi amiga ahora tendrá que cambiar de lugar de residencia y probablemente también de trabajo, y pienso en lo mismo que me sucedió a mi, cuando de la nada, sin esperarlo, se presentó la oportunidad laboral en la cual ahora me encuentro. Pienso en como nada de esto lo teníamos planeado, y como, por azares de la vida, todo cambia de la noche a la mañana. Así de rápido.

Si algo he visto, desde tiempos remotos, es que los humanos estamos en busca de "estabilidad" y como dedicamos gran parte de nuestra vida a alcanzarla. Nos la pasamos estudiando y trabajando para encontrar un "trabajo estable", así como esperamos toparnos con nuestra alma gemela y tener una "relación estable" y después casarnos, formar una familia y por fin "estabilizarnos". Es como si esa fuera la finalidad de la vida: ser estables. Y no sé si en verdad eso sea, lo único es que me parece curioso. Y lo menciono porque como dije antes, la hemos buscado desde hace millones de años. Dejamos de ser nómadas cuando descubrimos el fuego, y nos dimos cuenta de que podíamos recolectar comida, tener abrigo y protección en una cueva, y así poco a poco nos convertimos en "gente civilizada". Quizás nada ha sido coincidencia. Quién sabe.

Lo único que sé, es que al parecer nuestro afán por alcanzar la estabilidad es muy fuerte, tanto que parece que ya lo traemos integrado en nuestro ADN. ¿Cuántas veces no hemos escuchado en nuestra familia preguntarnos cuando pensamos establecernos? Como si fuera un requisito que tenemos que cumplir, y en caso de que no lo hagamos, nos ven como la oveja negra.

Y sin embargo, por más planes que hagamos, y aun cuando ya creemos que hemos alcanzado la dichosa estabilidad se nos olvida que la vida cambia, así sin más, de un día para otro, y que a veces tenemos que sacrificar aquello por lo que hemos trabajado tanto. ¿Porqué olvidamos que nada es permanente, que todo cambia? A veces creo que es nuestra forma de lidiar con la realidad, es nuestra forma de ponernos una venda en los ojos y creer que la vida será tal como la conocemos por siempre, porque imaginar algo distinto significa salir de nuestra zona de confort, perder nuestra estabilidad y eso nos aterroriza.

La palabra "cambio" no nos gusta, y sin embargo es algo que nos rodea y que esta fuera de nuestro control. En cierta forma esto último a veces me consuela, porque hay días en que este presente en el que me encuentro me sobrepasa, y pienso, ¿aquí estaré por siempre, es esta mi estabilidad?  Pero a lo  lejos escucho a la vida susurrarme, "cariño, nada es para siempre". 

lunes, 28 de junio de 2021

Reflexionando sobre la felicidad

 Después de mil años aquí estoy de nuevo. Ya lo había dicho antes, pero por si las dudas lo vuelvo a escribir. De ahora en adelante mis entradas serán espaciadas. No es que antes no lo fueran, pero solía escribir más en este blog, y ahora no he tenido la disposición de entrar y escribir. Hay varios temas que quiero plasmar, pero a veces no me termina gustando la redacción de un post, otras veces tengo la idea pero no la escribo, a veces no me siento preparada para compartir lo que siento, y a veces, simplemente no tengo ganas de escribir. Pero bueno, ese no es es el punto de esta entrada.

Fíjense que ayer tuve un pensamiento bien curioso. No se porqué, ni de donde surgió, pero me puse a pensar en como ha cambiado el concepto de felicidad a lo largo de mi vida. Se me hace raro, que de la nada, mi mente haya decidido que era un buen momento para reflexionar y hacer una retrospectiva de este tema. La mente es un misterio.

Pero bueno, después de toda esa reflexión, decidí que iba a compartirles mi camino en la búsqueda de eso llamado "felicidad". No, esta no es una entrada que te va a decir que pasos hacer para ser feliz, eso es una mierda. No existe tal cosa, aunque yo solía pensar que si, por eso es que les quiero compartir esto. También me servirá a mí, para ver de una forma más precisa, como ha ido cambiando mi manera de pensar. Esto es totalmente subjetivo y solo es mi percepción, así que aquí vamos.

Cuando yo era niña, solía pensar que la felicidad era tener un esposo, casarse, tener dos hijos, una mascota, una casa y un coche. Nada inusual, diría yo, que es un pensamiento típico, considerando mi época, en la que las películas de princesas de Disney ejercían (y lo siguen haciendo, aunque ahora diferente) su influencia en mi infantil cerebro. Yo pensaba que el día que encontrara a mi "príncipe azul", el cual obviamente iba a ser mi primer amor (jajajajaja, que ilusa) mi felicidad sería completa y nos dispondríamos a ser felices por siempre.

Durante la adolescencia mi perspectiva cambió mucho. Las ideas feministas empezaron a entrar en mi mente, dejé de creer en el matrimonio, y pensaba que la soltería permanente y la independencia económica era la epítome de la felicidad. Aclaro que, en ese momento, muchas cosas contribuyeron para que yo pensara así, y también, aclaro que, aunque tenía cierta idea de que era el feminismo, no lo comprendía al 100. Pero bueno, que puedo decir, son etapas.

Durante mi juventud creí que el dinero y el viaje eran la felicidad. Tener una vida desahogada económicamente, permitía acceder a ciertas comodidades que te hacían la vida mucho más fácil y por lo tanto, más feliz. Simple y práctico. El punto era, conseguir un trabajo que pudiera darte eso. Claro, que se me olvidaba que el tercer mundo no esta de nuestro lado. La búsqueda del trabajo perfecto se había convertido en algo muy para mí. Ahora puedo decir que no existe tal cosa, el trabajo, y sobre todo el ambiente laboral en este país, es un mierda, pero bueno. (Perdón si estoy siendo algo cínica pero supongo que es parte de crecer y madurar)

En mi etapa de depresión, solía pensar que yo no estaba haciendo algo bien y que por eso no me sentía feliz. ¿A que me refiero con esto? Yo veía en las redes sociales que la gente era feliz. Todas las fotos siempre eran en lugares súper cool, y todos salían riéndose y pasando un buen rato. Y yo me preguntaba día y noche, porque yo no me sentía así. Feliz. Leí y leí miles de cosas en internet y tomé ciertos cursos que me juraban, ayudarían a encontrar la felicidad. En conclusión, todo era una mierda. Las frases para ser feliz, son solo eso, frases. Y cada vez que encontrabas algo útil. era solo lo básico y las herramientas "premium" costaban mucho dinero. Una estafa.

Me llevo tiempo entender que no había clave para ser feliz. Aunque no les negaré, que hay días en que pienso que a lo mejor si la hay pero no la veo, pero cada vez esa idea va desapareciendo de mi mente. Yo me preguntaba, como lo hacía la gente para estar feliz todo el tiempo, neta, quería saber su secreto. Quería saber como podían postear una foto diaria en facebook o en instagram y ver su sonrisa en la cara. La depresión te hace ver las cosas de una manera bastante rara. Y es que, el secreto es que, hay que saber fingir muy bien.

Después de todas estas etapas que he ido atravesando, me pregunté, Haner: ¿Qué es para ti la felicidad ahora? Me quedé pensando en esto durante un rato mientras veía las pelusas flotar en mi cuarto. Rememoré la última vez que me había sentido feliz, y la última que me había sentido triste. Recordé que ambas estaban sumamente próximas las una a la otra.

Algo que me parece curioso, es lo efímera que es la felicidad. No creo (y esto lo digo a título personal) que se pueda ser feliz, 24/7 los 365 días del año. Somos humanos no robots, y nuestras emociones fluctúan y el mundo fluctúa, y no tenemos control sobre todas las infinitas variables de este mundo. Y si pudiéramos ser felices todo el tiempo, entonces no experimentaríamos otras emociones que nos permiten conectar con otras personas.

Entonces me respondí a mi misma, algo que ya sabía pero que a veces olvidaba, porque la ilusión de la vida virtual es muy cañona. La felicidad son momentos. Momentos efímeros que pueden ser los más simples, o momentos que pueden durar un poco más dependiendo de las variables, pero la mayoría, son momentos cortos. A veces pienso que la felicidad solo son destellos en nuestra vida, que guardamos en nuestra memoria. Rememoré buenos recuerdos.  Experiencias y momentos que me hicieron muy feliz. 

A veces, estos momentos son tan sutiles que nos pueden pasar desapercibidos. Y trato de recordarme eso, al final del día, rememorar un buen momento. Quizás no siempre los haya, pero hay que tratar de percibirlos. Puede ser la comida del día. La vista de algo, no sé, un paisaje, una pintura, el mar, el cielo. Un bonito mensaje. Un aroma. 

A veces estamos tan conectados a nuestro aparato virtual (el celular) que olvidamos que la mejor señal son nuestros sentidos. Deberíamos estimularlos con la vida real y no verlo todo a través de una pantalla. Recordemos que allí todo tiene filtro, y esta editado por un programa. Voltea, y observa una planta, y o el mar, también esta editado, pero por la naturaleza, a la que llevó millones de años perfeccionar ese paisaje, esa planta, el mar. Toca, observa, huele, saborea, escucha. Esa es la experiencia. Allí está.

martes, 5 de enero de 2021

¿Algún día seremos felices?

 Esta no es la entrada que tenía pensada publicar, pero la neta quiero compartir con ustedes esto que traigo atorado en la mente. El tema surgió derivado de una conversación que tuve con una amiga, y fue complementado sabiamente ayer con OP en una plática nocturna que diría yo, fue muy productiva. Así que empecemos.

La platica surgió de que una amiga que me estaba diciendo, en pocas palabras, que no se sentía  feliz con su vida en este momento, no sentía que la llenaba y se sentía un tanto deprimida. A ojos de la mayoría de las personas, inclusive yo, le dije que tenía todo lo que la mayoría de las personas desea tener, quizás no como ella quisiera, pero de una u otra forma lo tenía y que pensará en ello en vez de enfocarse en el hecho de que las cosas no estaban como ella quería. Debo decir que mientras estas palabras salían de mi boca, rebotaron en mí de una manera estrepitosa. Fue entonces que me surgió todo este debate mental, la eterna pregunta existencialista de ¿podemos algún día ser felices?

Esta pregunta ha sido respondida por muchos filósofos a lo largo del tiempo, así que si quieren algo más coherente, los invito a leer sus interesantes y un poco enredadas teorías, porque aquí solo van a encontrar mi opinión, lo cual ya sabemos que puede ser completamente errónea y que esta basada en mi punto de vista. Siempre he pensado que los humanos somos bien curiosos, por decir lo menos, porque aunque tengamos todo aquello que "en teoría nos debería hacer feliz" por alguna extraña razón nos obsesionamos con aquello que no tenemos. Y esto me causa bastante revuelo porque creo que todos llegamos a pasar por eso. Fue entonces que me puse a pensar en mi amiga, y en como a mis ojos ella tiene todo lo que se necesita para ser feliz (aclaremos desde ahorita, que hay muchas cosas mal en esta oración, pero eso es tema para otra entrada) y me doy cuenta de que esa es mi perspectiva. Hice el ejercicio de tratar de ponerme en los zapatos de ella, y me di cuenta de que, a sus ojos, ella podría, hasta cierto punto, querer algunas cosas que yo tengo y que en teoría, también, deberían hacerme feliz.

En ese momento me di cuenta de que los humanos tenemos problemas psicológicos cañones y que nos la pasamos, tristemente, añorando otras vidas, cosas que se ha acentuado más por las benditas redes sociales. A veces creo que es hasta dañino la cantidad de tiempo que pasamos en Instagram mirando y admirando la vida de las demás personas. 

Constantemente olvidamos que la vida esta constituida por pequeños momentos, y que esos momentos son fugaces, pero que hacen que la vida valga toda la pena del mundo mundial. Hay veces en que he llegado a pensar que mi vida es demasiado aburrida, simple, y sin sentido, y es extraño pensar que puede haber alguien que quisiera estar en mi lugar. Racionalizar eso te pone un poco más las cosas en perspectiva. Pfff.

A veces parece, como si las cosas en verdad se alinearan. Después de tener esa plática con mi amiga que me desató todo este debate mental, vi la película de Soul (que se las recomiendo) y me di cuenta de que en verdad, todos compartimos esa idea de soledad, pérdida del sentido de nuestra vida e infelicidad, es un sentimiento tan universal que simplemente me dejó sin palabras. El ver la película me hizo pensar demasiadas cosas, y recordar otras tantas. 

No sé, quizás las últimas entradas del blog han estado un tanto profundas, pero a veces es bueno hablar de estas cosas. Saludos!

jueves, 29 de octubre de 2020

Alone

 Han sido unas semanas extrañas, desde la última vez que escribí aquí y hasta ahorita siento que ha pasado mucho tiempo y la verdad es que no ha sido tanto. La neta es que quisiera escribir sobre muchas cosas pero hay algunas que aún no puedo poner en palabras, hay otras de las que no quiero hablar y las demás irán brotando próximamente. 

Creo que últimamente me ha pegado mucho lo de la cuarentena. Creo que comienza a hacer mella en mi esto del aislamiento, y me siento cada vez más sola. Y eso es algo que precisamente me ha golpeado en el sentido emocional, no solo por el hecho de sentirme sola sino por el hecho de que he aprendido que al final estás tu y solo tu para ti. Voy a tratar de explicarme mejor. 

Creo que a veces llegas al punto en el que debes lidiar tu solo con tus propios problemas, pero esto no lo digo a manera de reclamo, sino más bien como una especie de lección que estoy aprendiendo. A veces quisiera hablarle a mis amigos para decirles como me siento, pero por otra parte siento que no quiero aburrirlos con la misma cantaleta. 

Poco a poco me he dado cuenta de qué, en algún punto, tenemos que lidiar con nuestras propias cosas por nuestra cuenta. Y a veces no es porque los amigos no te apoyen, sino porque ellos también están lidiando con sus propias batallas, y atendiendo sus propios problemas, y uno tiene que aprender a hacer lo mismo.

Así que a veces inicio una conversación en la que le quiero decir a mis amigos  "oye me siento así..." pero al final me retracto porque no quiero aburrirlos con mis problemas. Así que estoy en el proceso mental de lidiar con ellos, porque al fin y al cabo sé que soy la única que puede resolverlos.

Creo que la cuarentena me ha hecho más consciente de mi soledad, y de como convivir con ella. A veces es extraordinaria porque me permite esparcirme por cosas que había querido hacer y que no no hacía por falta de tiempo o simple desidia, pero otras tantas se vuelve pesada, tanto, que siento que me aplasta y me asfixia.

Al final estamos solos, y creo que esa es una de las cosas más difíciles de entender en la vida, que somos entidades individuales aunque formemos parte de un todo. En fin, ya dejo de escribir porque no me quiero poner existencialista. Saludos.

domingo, 26 de enero de 2020

Tiempo


Vaya ya tenía tiempo que no escribía en el blog, revisando la fecha de mi última entrada, me di cuenta que ya tiene un poco más de un mes. La razón de esto es porque la neta es que no me sentía inspirada, y ya saben que yo necesito sentirme inspirada para sentarme, tomar el teclado y dejar que las cosas fluyan. Pues bien, después de unas merecidas vacaciones, de varios momentos en los que he tenido reflexiones bastante cañonas sobre mi vida que poco a poco les iré compartiendo por aquí, así como también mi momento "Tusa" porque pues la neta es que también me dio la depresión amorosa, pero ya estoy de vuelta. Empecemos con el tema.

Fíjense que en este tiempo que estuve desconectada del blog, y que estuve también en todas estas experiencias que les mencioné arriba, tuve un momento de iluminación, si esos que aparecen de vez en cuando para hacerte comprender ciertas cosas, y en aquél momento que tuve, me hice consciente del tiempo. Sí, así es, suena raro pero aquí les va. El tiempo es un concepto bastante complicado, tanto así, que tiene un sinúmero de definiciones diferentes, y sea religiosa, científica, popular y obviamente tenemos nuestra propia definición personal de este concepto. Entonces, a que me refiero exactamente con que me hice consciente del tiempo? Bueno, desde aquél momento de iluminación que tuve, he pensado que el tiempo de nuestra vida es muy corto. Lo sé, la idea suena bastante básica sacada de una película de Hollywood, pero es que en verdad el tiempo es bastante corto. Esa idea me pegó como un rayo, y me hizo pensar y hacerme consciente de muchas cosas. Me hizo pensar que el tiempo es demasiado corto como para que yo me la pase inmersa en la depresión, que es muy corto para que no disfrute aquellas cosas que me hacen feliz, que es muy corto para que no pruebe nuevas cosas, nuevos sabores. Que es muy corto como para no forjar nuevas amistades, conocer otras ciudades, otras formas de vivir. Que el tiempo es demasiado corto como para atormentarse todo el tiempo por que las cosas no pasaron como tu querías, o porque ahora piensas que si las hubieses hecho diferentes todo sería mejor. Que el tiempo es muy corto como para seguir deprimida por un wey que no me pela. Que el tiempo es muy corto como para no decirle a las personas que las quieres, darles un abrazo, demostrarles tu apoyo y brindarles buenas palabras. Que el tiempo es demasiado corto como para pasartela esperando. Que aunque en este momento no me alegra dónde estoy, es temporal, y que realmente todo cambiar, y cambiaré. Que la vida realmente es un suspiro.

Cuándo esta idea entró en mi cabeza y la procesé realmente me cayó el veinte. Y me di cuenta de que he desperdiciado tiempo, tiempo muy valioso, en cosas sin sentido y en otras que no lo merecían tanto. Entonces poco a poco he ido haciendo algunos pequeños ajustes a mi vida. Tratando de ponerme algunos retos, dándome la oportunidad de aventurarme en cosas que quizás parezcan muy sencillas, y formando nuevos hábitos. Así ha sido el arranque de este 2020, al cual le tengo mucha fe, porque si algo me ha enseñado la vida es que nada, absolutamente nada, es permanente.

martes, 5 de noviembre de 2019

Versiones de mí...


A veces me pongo a pensar en las versiones de mi misma que he tenido a lo largo de mi vida. A veces pienso en ellas con cierta nostalgia porque cada una fue muy representativa de un período de mi vida. Hay veces, incluso, que me gustaría volver a ellas, pero eso es casi imposible, porque esas versiones de nosotros existieron en algún tiempo por distintas circunstancias, y esas son muy difíciles de volver a repetir.

Pienso en mi versión de puberta, media otaku, a la que le gustaba winnie pooh, hello kitty y demás cosas rosas. De hecho llegué a forrar mis libretas del colegio con estos personajes. 

Pienso en mi versión adolescente, fiel fan de los Backstreet Boys, retraída, callada, nerd. Me negaba a usar vestidos o cualquier cosas que fuera reveladora. A esta edad pasé por mi primera depresión.

Pienso en mi versión universitaria, donde cambié bastante. Me empezaron a gustar las fiestas, me volví darks y sentía una fascinación por el symphonic metal que contrastaba demasiado con el reguetón de aquellos tiempos que bailábamos en las parrandas.

Pienso en mi versión queretana. Quizás la que más me ha gustado y la que más extraño. La gente que me conoció durante esa época me notaba distinta, más aventada, menos temerosa, más feliz. No conocía a nadie cuando me mudé allí y tuve la oportunidad de conocer personas extraordinarias con las que aún tengo contacto. Fue, sin duda, una época feliz, y por lo tanto, me he esmerado en volver a ella, a ser aquella yo, y sin embargo, no he podido conseguirlo. Quizás jamás retorne a esa versión porque como ya lo dije, esas fueron unas circunstancias que ya no se volverán a repetir.

Pienso en mi versión de Guanajuato. Una de la más extrañas de todas. Me sumí en la depresión y fue, en su mayoría una etapa triste, rescato algunos momentos felices pero si hago memoria lo que más permea mis recuerdos es una gran tristeza. Eso sí, aprendí mucho, y no solo sobre Biología, sino sobre la vida y ahora me siento un poquito (muy poquito) más sabia.

Y esta mi versión actual, la que aun no sé como definiría porque las circunstancias apenas están moldeando esta yo que está en construcción. Aún no se como será y como la recordaré en el futuro, por el momento les puedo decir que a veces, esta versión, es increíblemente impaciente y desesperada, y al mismo tiempo, eso mismo me empuja a buscar múltiples opciones y a buscar como moverme del lugar donde estoy.  Quizás estas circunstancias moldeen una yo muy diferente a las otras anteriores, pero no lo sé todavía.

Y aquí esta el recuento de las versiones de mi misma, quizás no sean todas, pero si las que más recuerdo. Las futuras versiones son un misterio, pero tal vez un día, hagamos una segunda parte de esta entrada.  Hasta que mi reporte.

domingo, 6 de octubre de 2019

Déjà vu

Últimamente he tenido una rara sensación de déjà vu, quizás sea porque el lugar en el que vivo ahora me trae una sensación similar a la que tenía cuando vivía en Gto. Y no es que ambos lugares se parezcan exactamente, aunque hay cosas que a mi parecer tienen en común, y sin embargo, a veces siento como una extraña paralelidad entre ambos sitios, aunque lo más probable es que todo sea obra de mi cabeza. 

También esta el hecho de que tengo una nostalgia parecida, aunque en Gto le di rienda suelta a mi depresión, aquí no siento lo mismo, es más bien, una melancolía aguda pero no llega al grado de ser depresión, de hecho, no me siento deprimida, pero tampoco me siento contenta. Es algo así como un limbo emocional. 

A veces, cuando estoy en la combi, mi mente me transporta hasta Gto y me susurra: esto ya lo has vivido. Y siento que una parte de mi se pone más alerta y dice: se parece pero no. Hay tantas cosas diferentes. 

Lo cierto es que, me mantengo pensando en porqué tengo que estar aquí, porque la vida me ha traído hasta este lugar tan lejano, y pienso que en algún momento sabré la respuesta. Trato de ser optimista, y pienso que esto es temporal, porque realmente todo lo es, al fin, nada dura para siempre.

También tengo momentos en los que me dan ganas de agarrar mis tiliches y comprar un boleto a Australia, pero pues la realidad es que, no puedo costear un boleto hasta allá por el momento. Así que mientras dure este lapso, trato de pensar en cosas que he querido hacer, pero que siempre posponía por falta de tiempo, porque si algo tiene este lugar, es que me permite comprobar la relatividad del tiempo.

Hablando de tiempo, me he puesto a hacer instrospección, preguntándome a dónde quiero llegar y si quiero regresar al lugar donde me encontraba. Me pregunto si me veo haciendo todos los días de mi vida lo que hago, o si quiero cambiar de rumbo, como es que debo hacerlo, los paso que debo seguir, las decisiones que tengo que tomar. Si, definitivamente me ha puesto a girar mi ardilla. Aún no sé que sigue, lo único que he podido concluir es que la vida es muy rara, y que te lleva por caminos que nunca pensaste que tomarías. En fin, me guardaré mis teorías filosóficas para las siguientes entradas. Que tengan un buen día.

sábado, 24 de agosto de 2019

La narrativa de la vida...


Hace tiempo vi un video en YouTube sobre estas famosas conferencias de TED que me dejó pensando. En ella, la oradora, hablaba sobre como la búsqueda de la felicidad puede llegar a sentirse como algo estresante, o ansioso, en vez de hacernos sentir precisamente eso, feliz. Ella sugiere que hay algo más en esta vida que ser feliz, y eso es hallar el significado de tu vida, y para ellos menciona cuatro pilares "el pertenecimiento, el propósito, trascender y el último es la capacidad de crear historias pero no cualquier historia, sino la historia de tu propia vida". Este último punto es el que me dejó pensando.

Es muy cierto que hay poder en las palabras y en como las usemos, las podemos usar para relacionarnos unos con otros, compartir cosas, y tratarnos con respeto y cariño, pero también las podemos usar para herir, violentar o humillar, a otras personas e incluso esto lo llegamos a aplicar a nosotros mismos. Nosotros somos los encargados de crear la narrativa de nuestra historia, la narrativa de nuestra vida. Siempre he pensando que la vida es un conjunto de anécdotas y hechos que nosotros nos vamos recordando, que nosotros contamos, ya sea a alguien más o a nosotros mismos, y es precisamente esa narrativa la que nos hace sentirnos orgullosos o deprimidos de nuestra vida. Nosotros componemos la historia de nuestra vida y esa historia que nos decimos la que le da sentido a nuestra realidad, y esa realidad la vamos moldeando una y otra vez, con las historias que vamos creando a través de momentos, y las palabras tomar forma en nuestra cabeza. Por eso la realidad es subjetiva. 

No podemos negar el inmenso poder que tiene nuestra mente. Lo que nos decimos a nosotros mismos, es lo que vamos creyendo que somos, y esos pensamientos son los que nos van construyendo o destruyendo. Somos los creadores de nuestras propias historias, y cada quién ve su historia de una manera distinta. 

Pienso en esto porque la vida me ha presentado un cambio, un cambio que no esperaba (aclaro, no es un bb, por si es lo que están pensando) es un cambio laboral que no veía venir y que me ha cimbrado todo. Por el momento me siento dudosa sobre la decisión que tomé, si fue lo mejor o no, y siento un remolino interno. Siento miedo, y tristeza. No he parado de llorar.  Y sin embargo, mientras escribo estas líneas me doy cuenta de que tengo la capacidad de moldear esa historia, de transformarla con mis palabras, de moldear mi realidad. Y también de cambiarla.

Aquí les dejo el link del video por si lo quieren checar: https://www.youtube.com/watch?v=y9Trdafp83U

Me despido con esta frase del filosófo Séneca: "La vida es como una leyenda, no importa que sea larga, sino que esté bien narrada".

miércoles, 24 de julio de 2019

Las historias breves...



Últimamente me he puesto a pensar en las historias breves. Si, aquellas que, a pesar de haber durado un corto período de tiempo, han dejado una marca en nuestras vidas. Esas historias breves a las que volvemos de cuando en cuando ya sea para buscar confort, porque nos hicieron felices, o para evitar que se escapen de nuestra memoria. 

Cuantas veces no hemos deseado que esas breves historias hubiesen sido más largas? Cuantas veces no hemos deseado poder regresar el tiempo y extender esa historia un poco más? aunque sea por unos segundos. Y sin embargo, es por ese motivo que regresemos a ellas, las atesoramos porque al ser breves queremos recodar con la mayor nitidez posible cada instante, cada detalle, cada aroma, cada sonido, queremos que perdure en nuestra memoria.

A veces rebuscamos en nuestra propia mente, los motivos por los que esas historias fueron tan breves. Quizá por errores, quizá por azares del destino, quizá porque solo era una etapa necesaria para que nosotros pudiéramos aprender algo y evolucionar, quizá porque los demás personas ya no querían participar en ella, o simplemente porque quizá así tenía que ser. Quizás nunca lo sepamos a ciencia cierta. 

Lo cierto es, que esas historias breves, se vuelven parte de nosotros, de nuestra historia, y en algún momento llegamos hacemos una tregua con ellas, y las aceptamos como parte de un recuerdo, y ellas a su vez, se aparecen de vez en cuando para recordarnos algo, hacernos reflexionar o simplemente para hacernos sonreír. 

Las historias breves son un suspiro, y aun así, permanecen con nosotros, porque a veces no es el tiempo, sino la sensación.

lunes, 29 de abril de 2019

Dejar Ir...


Hace rato, mientras estaba mirando videos en You Tube, me teletransporté mentalmente a aquel momento en el autobús en el cual yo iba a marcharme,  fue cuando pensé que una de las lecciones más difíciles y más sabias de la vida, que he aprendido es el dejar ir. Rememoré justo ese momento, porque creo que es la imagen que mejor describe esta lección de vida. 

Cada vez que me he subido a un autobús para marcharme hacia otro lugar, siempre he tenido que dejar algo, ya sean amistades, familia, comodidades, trabajo, rutinas, amores y también he dejado una parte de mi misma en aquél lugar. Desprenderte de todo eso es doloroso, y siempre que estoy en uno de esos lugares en los que he vivido no puedo evitar pensar en aquellas personas que no puedo ver tan a menudo, en cuanto los extraño, y en todos los momentos que hemos pasado juntos. 

Y sin embargo creo que ese desprendimiento, ese "dejar ir" me ha enseñado ha valorar más la vida, a apreciar más los momentos y darme cuenta que es mucho mejor coleccionar buenos recuerdos que coleccionar cosas materiales. Que "dejar ir" es doloroso pero también aprendes, vaya que aprendes. Te das cuentas de que los momentos son fugaces, y que las circunstancias de la vida son tan cambiantes, tan azarosas (o tal vez no pero eso no lo sabemos) que siempre pueden llevarte por caminos que nunca pensaste. Claro, el saberlo no lo hace menos doloroso, aunque quizás si un poco más llevadero.

Aunque el "dejar ir" no solo aplica para aquellas cosas que queremos, sino aquellas a las que nos aferramos, a ese "exceso de equipaje" que a veces no nos deja avanzar pero que insistimos en cargar, pero llega un punto en el cual, nos damos cuenta de que si nos liberamos de él podremos viajar más ligeros y crearemos un nuevo espacio para que lleguen nuevas historias a ocuparlo.

Aún no se cuanto  estaré en el lugar en el que estoy, si solo sea hasta mañana y pasado todo cambie, o si será más tiempo, o a dónde me llevará el camino en los próximos meses, pero lo que si sé, es que ese día, tendré que dejar ir.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Amistades fugaces...


Voy a empezar diciendo que yo solía ser una persona muy tímida, las relaciones interpersonales y los eventos sociales no solían ser de mi interés, sin embargo, por circunstancias de la vida, cambié mi forma de ser y ahora me gusta entablar amistad (o por lo menos intentarlo) con las personas que se vayan presentando en mi vida, sobra decir que, a veces eso no resulta. 

Creo que cuando inicias una relación, sea la que sea, debes de empezarla con la idea de que va a perdurar porque sino de que rayos serviría, o al menos eso creo. Entonces cuando me topo a alguien, trato de pensar en que podría darse una bonita amistad. Quizás sea una ilusa o una optimista, ya no lo sé. Trato de mantener contacto con esa persona, aunque no siempre podamos vernos directamente, pero si me esfuerzo por no perder la comunicación, claro está, que no todas las personas estarán dispuestas a hacerlo.

He aprendido que, a veces, por mucho interés que tu pongas para mantener una amistad con alguna persona, si la otra no esta interesada, al final no servirá de nada. Y debo entender que la vida es así, que hay personas que no pueden permanecer en tu vida porque no quieren hacerlo, y a veces es mejor tomar caminos separados. Hay amistades fugaces, relaciones que solo duran un período de tiempo porque es parte de la vida, casi un proceso natural.  Estoy entendiéndolo, y no quiero forzar las cosas.

Retomando la entrada anterior, donde expresé que una amiga me comentó que pocas personas me conocen, debo decir que es verdad. Creo que solo los amigos más allegados realmente conocen los diversos matices que nos conforman, y nos aceptan, y no todas las personas pueden hacerlo. A estas alturas de la vida me doy cuenta de que, conforme pasa el tiempo, es más difícil hacer amigos, encontrar personas que compartan intereses o entiendan ciertos puntos de vista, o te acepten como eres o entiendan porque eres así. 

Ahora puedo darme cuenta de que la brecha generacional si pesa y que los treinta definitivamente son iguales a los veinte. Esto no quiere decir que iré con una actitud amargada e indispuesta a conocer gente, aun mantengo mi actitud optimista y espero encontrar gente allá afuera que esté dispuesta (todavía) a construir una linda amistad. Ahora sí pueden llamarme ilusa.

sábado, 11 de agosto de 2018

"Más yo"


A veintinueve días de llegar a mi trigésimo primer cumpleaños, he estado haciendo mucho trabajo de introspección, y en los próximo de días les compartiré en las entradas ciertos temas en los que he reflexionado mucho últimamente. Tal parece que el "modo cumpleaños" me ha reactivado la inspiración para escribir.

El día de ayer asistí a una reunión con amigos. En esa reunión tocamos dos puntos que llamaron mi atención particularmente, uno de ellos fueron una serie de comentarios respecto a mí persona, que es sobre el cual escribiré hoy, y el otro fueron las amistades (sobre la cual escribiré próximamente, porque como dice Shakira, es mejor empezar por uno mismo, ya saben cuando en sus canciones aparecián algunas frases reflexivas, en fin).

El día de ayer una amiga me dijo un par de cosas sobre mí. La primera es que ahora le parecía "más yo" y la segunda es que en realidad pocas personas saben como soy. Respecto a que ahora le parezco "más yo" me imagino a que se refería al hacho de que hasta hace unos meses, estaba hecha una mierda. Personas que estuvieron conviviendo conmigo durante lo que yo llamo "mi segundo periodo oscuro" podrán decir que mi "yo normal" se había esfumado y yo me había convertido en un boceto extraño de una persona que yo no era. Durante ese tiempo, estuve pasando por algunas situaciones que me resultaron desagradables y tristes, y que afectaron mi estado de ánimo. Obviamente esto no solo se reflejaba en mi físico (con unas ojeras bastante marcadas, continuas ganas de llorar, y un aspecto en general melancólico) y por consiguiente en mi manera de expresar. 

Lo cierto es que después de haber pasado ese período, no sé si sea mi yo normal. Ciertamente, yo no me siento la misma después de haber tenido esas experiencias, y puedo decir que me ayudaron en cambiar ciertas ideas erróneas que yo tenía, por eso, después de todo este tiempo que ha transcurrido, puedo decir que he llegado a hacer la pases con ellas, y que ahora las veo como un aprendizaje. 

No se si sea "más yo" en el sentido de que me ven como antes, por lo menos en la superficie y en mi estado de ánimo, pero yo me siento diferente. Aunque ya estoy mucho más animada y optimista no puedo decir que soy mi yo mi anterior, y eso me da gusto, porque como bióloga, siempre he estado de parte de la evolución.

Por cierto, cierro esta entrada diciendo que ya no tomo medicamentos, justo a tiempo para la celebración del próximo cumpleaños. Saludos internautas!

lunes, 23 de julio de 2018

De vuelta a la realidad...



Después de un buen tiempo es momento de regresar a la realidad. Y es que, haciendo un poco de retrospectiva, el año anterior se me hace un poco extraño, como si hubiese sido sacado de un sueño. Quizás yo sea un poco como Don Quijote, y a veces me dan mis ratos de locura y tengo que irme a cazar gigantes, aunque en realidad sean molinos de viento. Todos tenemos derecho a escaparnos a nuestra surrealidad de vez en cuando, y yo puedo decir que viví en ella un buen rato. ¿Aprendí de ella? Claro. Esa extraña surrealidad me dejó lecciones, y sé que si no hubiera habitado en ella no las hubiese aprendido. Pero como El Quijote, quizás sea tiempo de recobrar (un poco) la cordura. 

Siempre he sabido que uno tiene derecho a equivocarse. Tiene derecho a tocar fondo. Tiene derecho a cajetearla, a mandar todo al carajo y volver a comenzar. Uno tiene derecho a reinventarse, a volver a crearse otra vez, a aventurarse de nuevo. Sí, y yo a veces lo olvido. Mi estúpida necesidad de buscar la perfección a veces hace que me hunda en un estado depresivo. Aunque he batallado con mis control issues aún sigo lidiando con ellos. ¡Suelta! Me dice una vocecita en la cabeza, suéltalo ya, déjalo ir, déjalo que se pierda, que se lo lleve el viento (sí es una canción y ya me divagué)...

Retomando el punto, es hora de comenzar de nuevo, de retomar algunas cosas y dejar, por la paz, otras. Es tiempo de volver al aquí y al ahora, y aunque las cosas no siempre (aunque ya a estas alturas diría, casi nunca) salen como uno quiere, hay que tomar nuevas perspectivas porque así es esto de vivir.

Después de haber hecho muchas estupideces, haber cometido varios errores y haber tomado malas decisiones, he pensado que tal vez sea el momento de hacer las pases con ese pasado que aún es un poco reciente, tomar las lecciones y volver a retomar el rumbo, o lo que creo pensar que es un rumbo, porque al final, la vida es un desconcierto total, y la mayoría de las veces vamos a la deriva (o quizás sea yo). En fin, quizás sea momento de regresar a la Mancha y replantearme muchas cosas de nuevo y poner algunas otras en su sitio.

La aventura fue interesante y también estresante, al final entendí que Dulcinea no era para mí y que existen más aventuras por venir. Quizás en algún momento vuelva a la surrealidad, aunque muy probablemente sea distinta, pero por el momento nos quedaremos aquí, en esta realidad.

miércoles, 14 de marzo de 2018

By the beach...


Después de seis extraños, complicados, dramáticos e intensos seis meses fuera de mi ciudad natal, regresé. Necesitaba venir y sanar. Necesitaba recordarme a mi misma quien era después de que me sentía perdida. Necesitaba estar con personas que me abrazaran y escucharan, que me han apoyado y que siempre, de diversas maneras, consiguen sacarme una sonrisa. Gracias.

Necesitaba caminar por la playa y dejar que la brisa me golpeara. Necesitaba dejar que la arena se me pegara a los pies y que el agua helada me hiciera sentir. Necesitaba el calor de mi tierra y la calidez de mi gente. Necesitaba volver a ver palmeras, comer coco y contemplar el sol hundiéndose en el mar. necesitaba recordar que no hay cosa que no cure el agua salada. Gracias.

Mientras caminaba por la playa, recordé algunas cosas. Que es válido equivocarse y volver a empezar. Que hay cosas para las que tal vez no nacemos. Que hay cosas que están destinadas a no ser, aunque las deseemos con todo el corazón. Que todas las situaciones que pasamos nos traen una lección, así como también las personas que vamos conociendo. Que algún día (quizá) lo entenderemos todo...que tal vez sea bueno volver a iniciar.

Mientras camino por la playa, veo a un par de niños jugando, y para mi sorpresa, me doy cuenta de que esperó algún día ver a mis hijos así, y la imagen me ilusiona.

Pienso también, en todos los suspiros que me esperan, en todas las cosas de "mi lista" que aun me faltan por hacer. En las lecciones qud dio Gto. Pienso en que, aunque aún estoy en modo de reparación, el hecho de aceptar que te equivocas y que quizás esa sea la señal que necesitas para ajustar las velas y cambiar de rumbo.

He de recordar también que debo atender más a las señales y hacerle caso a mi intuición. Me quedó con la frase que leí hoy (y que estoy considerando una señal): "AÚn no se cual es mi destino, pero me siento inspirada por el viaje".


jueves, 22 de febrero de 2018

Cataclismos...


De vez en cuando todos necesitamos un cataclismo, algo que nos remueva hasta los cimientos la existencia para que podemos cambiar, para que podamos ser mejores personas. Claro, el paso por el cataclismo no será fácil, será tan complicado que probablemente una parte de nosotros se pierda en él, y es por eso que al salir seremos diferentes. Los cataclismos se pueden presentar de diferentes formas, pueden ser situaciones o personas, incluso pueden ser ambas.

Ahora mismo siento que yo estoy pasando por uno, y no sé que vaya pasar después de él. Eso si, aunque aún no se cuales serán las consecuencias sé que no seré la misma una vez que haya terminado. Lo que puedo decir por el momento es que me esta costando mucho, y me esta sacudiendo a lo grande. En estos momentos ni siquiera puedo reconocerme.

Lo que sí puedo decir es que ya lo veía venir, notaba poco a poco, como empezaba a subir la marea. Notaba como poco a poco el agua me iba llegando al cuello pero aún así lo dejé venir, no hice nada por detenerlo. Deje que me hundiera por completo. Quizás era necesario.

Ha sido duro, y aunque ahorita ni yo misma sé quien soy y mucho menos quién seré, sé que este acontecimiento me ha llevado a explorar lados de mi que no conocía. Me ha ayudado a juzgar menos y entender más, me ha hecho tragarme mis palabras, y sé que el día en que alguien me pida un consejo, meditaré bien lo que salga de mi boca. 

Sé también, que una parte de mí se irá con el cataclismo. Sé que aunque vuelva a reconstruirme quedarán algunas grietas, quizás queden por siempre o quizás puedan ser resanadas. Sólo el tiempo lo dirá. Sé que en un futuro agradeceré por este cataclismo, sé que lo tomaré como una enseñanza de vida. 

Tal vez los cataclismos sean la forma que tiene la vida que es hora de cambiar, de decirnos que no debemos estar en tal lugar, o con ciertas personas porque simplemente eso no es para nosotros. Quizás venga algo mejor, eso solo el tiempo lo dirá.

martes, 26 de septiembre de 2017

Nuevos comienzos

Empezar de nuevo en una ciudad nueva, donde no conoces a nadie es difícil.  Lo sé. la experiencia no se me debería hacer tan extraña, y sin embargo lo es.  No es lo mismo. No siento lo mismo. 

Eso me recuerda a una frase de F. Scott Fitzgerald "existe todo tipo de amor en este mundo, pero nunca el mismo amor dos veces", y creo que eso lo puedes extrapolar a las experiencias también. No puedes sentir lo mismo que la primera vez, tratar de simularlo es un intento fallido. Y eso prácticamente como me siento. Quisiera sentirme como la primera vez que estuve sola en una ciudad, con el mismo ímpetu de aquél entonces. Y sin embargo, esta vez, no es así. 

Con la edad también vienen muchos cambios. Ahora puedo sentir la soledad de una forma tan distinta a aquella primera vez, donde era la promesa de nuevas aventuras, y  ahora puedo sentirla permeándose por la casa, exténdiendose por los poros de mi piel, llenándome de un sinnúmero de recuerdos y de suspiros que me recuerdan todo lo que extraño.

Y es que la vida no es un experimento reproducible, la vida es un conjunto de experiencias buenas y malas, y eventos aleatorios a los que siempre reaccionarás de una manera distinta. Pero es que a veces es tan difícil entenderlo, y aquí estamos queriendo sentir como la primera vez.

Recapitulando, pienso en todas las señales que me trajeron hasta aquí, o al menos aquello que yo interpreté como señales, aunque aún no puedo desvelar la razón, o asegurar con certeza que lo fueron. Todo sigue siendo un misterio. Y quizás siempre lo sea.

Quizás me hace falta volver a creer en la magia, en la magia de los nuevos comienzos.


jueves, 24 de agosto de 2017

Comenzar...


La sociedad te mide. Y oh vaya que tiene una manera muy dura de medirte. A lo largo del tiempo, la sociedad ha construido una idea en forma de lista sobre lo que las personas deben tener para ser felices. Esa idea esta tan arraigada dentro de nuestra mente que será muy difícil quitarla. Aún en nuestro tiempos de tanto avance tecnológico y científico, las ideas sociales siguen perdurando  y la lista solamente parece aumentar. Cuando parece que ya hemos alcanzado varios de los requisitos que exige esa lista, siempre aparece uno más que nos aleja de la felicidad completa, si es que tal cosa en verdad existe.

La idea es plantada en cada uno de nosotros, algo similar a como lo que planeta la película "El Origen", y cada uno de nosotros va desarrollando la idea con el paso de los años, agregandole o quitandole cosas, de acuerdo a nuestras necesidades, pero siempre bajo el boceto impuesto por una idea generalizada. Desafiar esa idea, puede costarte, entre otras cosas, el rechazo social. Porque, después de todo, para que cambiar una fórmula que funciona tan bien?

Luchar contra el sistema es difícil. La mayoría de los humanos estamos más acostumbrados a emular que a crear. Quizás era algo necesario para poder sobrevivir. 

 Comencé a pensar en todo el tiempo que gastamos tratando de alcanzar un ideal, de todo aquello que sacrificamos por alcanzar la lista de la felicidad. No puedo evitar pensar en la frase que me dijo una persona recientemente, que la escucho en una canción, "No valgo por lo que tengo, valgo por lo que perdí". Y a veces llegas a un punto, a un momento, en el que te preguntas si eres feliz donde estás. 

Los humanos, tenemos la elección de empezar de nuevo. De volver a construirnos. De llegar al fondo y renacer.

jueves, 4 de mayo de 2017

Enigmas y certezas...


Mientras venía caminando comencé a pensar en la certezas. Pensé que tal vez, busco demasiadas certezas en mi vida, busco respuestas para todo aquello que (aún) no consigo explicar, quizá se deba a mi parte científica, porque la ciencia requiere de certezas. Sin embargo, debe algo que equilibre las fuerzas, y para que haya respuestas debe haber preguntas, para que haya certezas también debe haber enigmas.

Quizás la vida consista en un equilibrio entre ambas, entre certezas y enigmas, quizá haya cosas que nunca tendremos la certeza de saber porqué ocurrieron. Quizás a la vida también le gusta mantener sus secretos. 

Mientras pensaba todo esto, recordé la reunión que había tenido apenas con unos amigos. Tenía mucho tiempo de no verlos, y entre otras cosas, me compartieron sus historias de amor. Me parecieron curiosas como alguna de ella sucedieron, y hoy que venía meditando, me acordé de esas historias y me pregunté en la formas curiosas en que a veces sucede la vida.

Quizás, lo cierto es que no sabes cuando vas a conocer a alguien que cambie tu vida, que pueda ser el amor de tu vida o alguien que te inspire a cambiar.... quizás no saber que pasará es la única certeza que tenemos.

Quizá yo había hecho demasiadas conjeturas que había dado por certezas, pero la pregunta me resurgió hoy: acaso son certezas? La voz de mi OP resonó en mi mente "solo deja que la vida te sorprenda".

lunes, 31 de octubre de 2016

To refill...


Tiene días que no escribo en el blog, y es que he querido estar alejada un poco de mis pensamientos, aunque quizás eso no tenga mucho sentido. El trabajo ha consumido la mayor parte de mi tiempo y energía, así que no le he dedicado demasiadas neuronas a divagar sobre las cosas humanas. 

Escribir no es tan sencillo como parece. El escritor tiene que sentarse y exprimirse, sacarse lo que lleva en la cabeza, y a veces en el corazón, y un sinúmero de formas, después de un tiempo puede considerarse agotador. Escribir no es para todos, aunque siempre hay algo con lo que podemos contribuir. Mi desapego hacia el teclado se debe también a la falta de inspiración, he vagado por muchos pensamientos pero ninguno me ha llevado a ningún lado. Quizás sea tiempo de un cambio. 

La rutina es cómoda pero fácilmente se torna aburrida. Y eso es lo que siento últimamente. Una rutina interminable y exasperable que busco cambiar. Tal vez, como me dijeron hace poco, deba ir a mi lugar feliz. 

Quizás también es sano alejarse un poco a veces, irse y volverse a llenar como dice Bukowski, porque este mundo loco tiende a vaciarte. En algún momento todo se hace demasiado: demasiado aburrido, demasiado estresante, demasiado complicado, demasiado estresante. Y en algún momento tienes que pararte y deshacer todos esos nudos, pero lleva tiempo y paciencia. 

Y quizás, después, puedas escribir sobre ellos.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

La Visita...




Mientras caminaba hacia el edificio de mi terapeuta mi mente dijo: "no vayas". Dos palabras bastaron para que comenzara a sentir temor, pero aún así, mis pies desobedecieron las órdenes de mi cerebro y me condujeron hasta el edificio. Perdí la cuenta del número de veces que contemplé irme pero que terminé desistiendo. La espera fue larga.

Comencé a pensar en el porqué de mis resistencia, porque mi mente había decidido ponerme obstáculos hacia esta experiencia que era familiar, Quizás por eso mismo, porque ya sabía de lo que iba a tratar. La idea no me hizo sentir más tranquila.

Entonces pensé que reconocer tus propias faltas o errores nos causa miedo. No es la idea de visitar a un psicólogo la que nos espanta, ni la idea de escuchar una opinión sobre nuestra vida, eso sucede a menudo. Es la idea de enfrentarnos a nosotros mismos. De ver quienes somos, descubrirnos, aceptarnos y/o cambiar, Y  la idea del cambio nos parece inconcebible, porque llevamos años evitando hacerlo, acostumbrados a nuestra rutina, cómodos con ella, creyendo que es lo mejor que nos pudo haber pasado. Terminamos por convencernos de que es lo que queremos.

A veces, en esos momentos, logras ver el poder que tiene tu mente. La mente puede controlarte, decirte que tal cosa o persona pueda hacerte feliz aunque eso no siempre sea cierto. Te crees tu propia ilusión, esa fantasía que vamos creando para refugiarnos; si embargo, cuando llegas a tener momentos de lucidez, ves la realidad y el espejismo se hace añicos. Y al final solo queda decidir si seguirás viviendo en utopía o si estás dispuesto a cambiar. Ambos caminos son difíciles, ambos caminos requieren sacrificios.

Mientras pensaba todo esto quise irme. Levantarme y correr, y repetirme a mi misma que todo iba a estar bien, que podría superarlo sola. Pero yo sabía que no lo estaba. Recordé el motivo por el que había decidido venir: la búsqueda de mi equilibrio, de ese que perdí y que me ha metido en un torbellino. "Estoy aquí porque quiero volver a el, a mi equilibrio" me dije y traté de que eso me diera valor. Pensé en las cosas que había aprendido y pensé en aquellas que necesitaba aprender, y quizás aún necesitaba aprender sobre mí  misma. Pensé en La Física de la Búsqueda y del equilibrio. Pensé en el cambio. Pensé en mí. Y entonces entré.