miércoles, 13 de septiembre de 2017

A los 30....


Oficialmente he inaugurado el tercer piso, y aunque me encuentro pisando los primeros escalones de una nueva era de mi vida, no puedo evitar mirar con cierta nostalgia a los veintitantos, aquella etapa que dejó una huella en mí y me convirtió en lo que soy ahora. Mirando en retrospectiva dejo aquí algunas lecciones que me dejaron esos años, así que aquí vamos con lo que he aprendido a los 30:


  • Que la felicidad es efímera, que esta compuesta de momentos y que debemos aprovecharlos al máximo. Disfrutar el momento sin mancharlo con preocupaciones o arrepentimientos, porque creo que en la felicidad no hay cabida para eso.
  • Que viajar ayuda a sanar el alma y a crecer como persona. Una persona apenas me lo dijo, y cito sus palabras "un viaje es una metamorfosis, y la persona que se va no es la misma que regresa". Amén.
  • Que puedes encontrar buenas personas en los lugares menos esperados y que terminan convirtiéndose en familia para ti. Yo agradezco a las personas maravillosas que he ido conociendo a lo largo del camino.
  • Que fallar y equivocarse es inevitable, que solamente de esta forma adquieres experiencia y puedes evolucionar como persona. La experiencia lleva parte de dolor, pero aprendes, vaya que aprendes.
  • Que los cambios son necesarios. 
  • Que a veces hay que aceptar que no podemos controlar todo, sin importar cuando lo deseamos. La vida te sorprende, porque hay un sinfín de posibilidades.
  • Que es válido mandar todo al carajo, y dejar que la vida fluya.
  • Que comer y dormir es algo hermoso.
  • Que cuando alguien te guste, o quieras, se lo digas, sin importar que te diga que no. Al final no pierdes nada, si te dice que si genial, si te dice que no lo superarás más rápido.
  • Aprender a quererse uno mismo, y si algo no te gusta hay que cambiarlo. Romper patrones no es fácil pero si necesario.
  • Que el truco no es hacer dieta, sino balancear la comida.
  • Que no es el maquillaje lo que define la belleza, sino la actitud y la personalidad.
  • Que el físico atrae, pero la personalidad enamora.
  • Que leer puede hacerte libre.
  • Que tratemos de entender en vez de juzgar tanto.
  • Que el tiempo pasa demasiado rápido.
  • Que cada cierto tiempo, hay que aprender algo nuevo.
  •  Que la familia y los amigos son una parte importantísima de la vida, y que sin ellos nada sería lo mismo.
  • Que a los 30, no eres igual que a los 20, pero aún así siento mucha expectativa por esta nueva era. 

martes, 5 de septiembre de 2017

A short story. Part1




Parte 1: La Jaula

"Algunos dicen que el amor es algo que arde". Eso es lo que pasaba por mi mente en aquella profunda oscuridad. Llevaba días allí, sin saber si era día o noche. Realmente ya no importaba, no me importaba ver el paso de los días. Lo único que deseaba era volverlo a ver.

Me llevé la mano al pecho, tratando de sentir los latidos de mi corazón. Nada. Respiré y lo intenté de nuevo, nada. Entonces recordé que yo no lo tenía, que yo no tenía mi corazón. Él se lo había llevado.
Entonces como era que podía respirar? Como era capaz de pensar? Como es que seguía viviendo? No tenía sentido. Seguramente estaba soñando o era presa de alguna alucinación. Sí, lo recordé, los humanos no podemos vivir sin corazón.

Intenté saber donde me hallaba. Quería levantarme y caminar pero las fuerzas me fallaban, así que comencé a arrastrarme en aquella oscuridad, activando mis sentidos. No toqué nada por un buen rato. Me pregunté si acaso estaba en algún tipo de espacio infinito, en un vacío dónde lo único que había era oscuridad. El pensamiento me provocó escalofríos.

Continué arrastrándome hasta que choqué con una pared. Estaba fría como el piso. Haciendo acopio de todas mis fuerzas me levanté y me recliné en ella. La textura rasposa se me lastimaba la piel, pero eso no podía compararse con el dolor más grande que sentía. Caminé pegada a ella, lentamente. Necesitaba saber hasta donde se prolongaba esa estructura. Tenía los pies descalzos y sucios. Supuse que mi aspecto general debía ser terrible. Caminé hasta que choqué con un estructura de metal. Estaba aún más frío que la pared. Guiándome del tacto, comencé a recorrer la estructura. Era larga y gruesa, como una especie de tubo. Había un un espacio y luego otra estructura igual, y luego otra, y otra más. Comencé a sentir miedo. ¿Donde estaba?

-¿Hola? - dije, pero mi voz se había transformado en un murmullo. Intente de nuevo, esta vez, traté de que sonará más fuerte - ¿Hay alguien aquí?

El silencio era tan profundo como la oscuridad en la que me hallaba. ¿Dónde me hallaba?  ¿Acaso estaba en la cárcel?

-¿Alguien puede escucharme? - pregunté de nuevo, pero lo único que se escuchaba era el eco de mi propia voz.

Me senté y comencé a llorar. No sabía que estaba pasando y tampoco si lograría salir de aquél lugar algún día. Lloré hasta quedarme dormida.

De repente se encendió un a luz. Una luz tan fuerte que logró despertarme. Trataba de abrir los ojos, pero después de haber pasado tantos días en la oscuridad, me resultaba un poco difícil adaptarme a ella.

- Despierta - me ordenó la voz, que me resultó extrañamente familiar. - Es hora de despertar.

Abrí los ojos y observé a mi alrededor. La estructura en que me hallaba era circular, rodeada por barrotes. Detrás de mí había una pared de ladrillos muy alta. Tanto la pared como los barrotes colindaban en un domo por el que entraba un torrente de luz, iluminándolo todo. Y entonces lo entendí, me hallaba en una jaula. Una inmensa jaula. 

Un sinfín de preguntas pasaban por mi mente, y no encontraba respuestas para ninguna. Caminé lentamente hacia los barrotes. Ahí veía que se encontraba alguien. Iba vestido impecable, de traje con corbata, sus rasgos me resultaban familiares, pero como aún mi vista estaba borrosa no podía deducir quién era. 

Cuando estuvimos cerca, pude ver quién era. No podía creer que él estuviese aquí. Los recuerdos se agolparon en mi mente uno sobre otros. Los buenos y los malos. Todo era un collage infinito de momentos que habíamos compartido. Sentí un mareo repentino.

-Te quedó muy bien este lugar - dijo en tono burlón - la decoración es exquisita.

Su expresión me irrito. No podía entender como unos rasgos tan bellos podían tranformarse en un aspecto tan cruel. Ya no había rastro de la luz que alguna vez vi en sus ojos, todo aquello que vislumbré en sus ojos se había esfumado, y ahora solo veía un mirada de burla y lástima.

-Parece que no te han sentado bien estos días - continúo, usando el mismo tono - tienes mal aspecto.

Quise responder, pero sabía que tenía razón, así que solo bajé la mirada. 

-Tampoco hablas, por lo que veo. 

No podía creer sus palabras, y estaba segura, que debe haber tenido corazón, me hubieran causado un gran dolor.

-¿Qué haces aquí? - traté de sonar serena.

-Tengo algo que te pertenece....o mejor dicho que te pertenecía. - Camino lentamente alrededor de la jaula.  Yo lo observaba. No entendía a que se refería.

Se detuvo frente a mí y sonrío. Despacio y con aspecto triunfal, alzó la mano derecha y entonces lo ví, allí en su mano, el sostenía mi corazón. Noté que emitía una tenue luz, y que palpitaba lentamente. Sentí que me asfixiaba, me caí de rodillas. Él me tenía en sus manos.

-¿Lo quieres? - preguntó sonriente. 

Sabía que disfrutaba con mi dolor, sabía que mi aspecto le daba satisfacción. Él había triunfado, se había llevado lo más preciado que tenía. Mi corazón le pertenecía aunque ya no estábamos juntos. ¿Lo quería de vuelta? ¿O quería que le perteneciera a él para siempre?