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lunes, 27 de agosto de 2018

La lucidez del Quijote




Recuerdo que, hasta hace un par de meses, cuando hablaba con Sancho de mis infortunios, él me decía, con en esa paciencia que lo caracteriza, "ya pasará, el dolor pasa, ya lo verá". Yo hacía un ademán y decía que él no lo entendía. Por supuesto que lo entendía, dado que él también ya tenía cierta experiencia en esto que a mí me gusta llamar "los infortunios amorosos". No es que yo no lo tuviera, solo que mi actual situación era en verdad, desafortunada. Prácticamente, yo estaba enamorado de una persona que no existía, o al menos, era consciente de eso cuando recuperaba la lucidez, sin embargo, cuando volvía a sumirme en aquella surrealidad, o irrealidad tal vez sería un término más adecuado, me rehusaba ante tal posibilidad. Oh Dulcinea, mi dulce Dulcinea. 

Me parecía un total disparate que semejante mujer hubiese sido un producto de mi imaginación, estaba convencido de que ella existía, quizás no aquí exactamente, pero si en algún lugar. Recuerdo que cuando Sancho me dijo que Dulcinea era en realidad Aldonza, me pareció una ofensa, como es que podía comparar a mí señora con esa vulgar campesina. Me rehusé a creerlo. A veces aún lo hago. Sancho me dijo en múltiples ocasiones que Dulcinea no era como yo creía, no era como yo la había creado. Quizás tuviera razón pero yo no podía creerlo.

¿Como era posible que no existiera aquella perfecta dama por la que yo había peleado contra gigantes? ¿A la que le había escrito cartas? Cuando volvía a mi estado lúcido, él cuál no era de mi agrado siendo sincero, porque me parecía aburrido y patético, me preguntaba si no había sido precisamente ella, la que me había lanzado a la locura. Quizá, y se lo agradezco. Gracias a ella una parte de mi vida estuvo llena de aventuras.

Sancho me dice que ya la olvide, pero es que él no lo entiende. O tal vez si, es que él es muy sabio. A veces pienso en ella mientras miro por la ventana y tamborileo los dedos en alféizar y veo unos extraños molinos de viento que se agitan al compás del aire y la llamo: oh Dulcinea, mi dulce Dulcinea. Incluso a veces, cuando tomo un paseo por el bosque, puedo jurar que los árboles me susurran su nombre, puedo jurar también, que los pájaros también lo dicen en una dulce melodía.

Oh Dulcinea, me pregunto dónde éstas. Si estás durmiendo apaciblemente u observando el cielo nocturno, o sí estás dando un paseo alegremente por el jardín. Me pregunto si te habrán llegado mis cartas y si aún me estás esperando. Quizás pronto vuelva a ti mi Dulcinea, quizás pronto nos reunamos de nuevo. 

Creo que debo parar aquí. Escuchó a Sancho a lo lejos. Viene a darme un menjurje para que me recupere. ¡Ja, como si yo lo quisiera! Ay Sancho, el buen Sancho. Ojalá supiera que yo no extraño la realidad, que yo soy feliz en la locura, porque es ahí, donde puedo estar con ella, con mi Dulcinea.

****
Nota: Como es fácil de deducir, esta historia esta basada en la novela "El Quijote", aunque debo admitir que nunca la he leído, así que me tomé libertad creativa.
***
Esta historia esta dedicada a Clarita. Saludos.

lunes, 28 de mayo de 2018

El problema con los "quizás"...




Recientemente leí en el blog Reservado a Quien Corresponda, un escrito titulado "Quizás". Fue entonces que me puse a pensar en los "quizás" y es que creo que en este blog esa palabra ronda continuamente. Los "quizás" duelen, y semánticamente hablando, los pudiéramos situar junto a los "hubiera" o los "tal vez", si ese conjunto de palabras que parecen conjurar una realidad alternativa en la que todo parece mejor.

Y es que los "quizás" reflejan un anhelo de nuestro corazón, un anhelo que nosotros deseamos con todas nuestras fuerzas, pero que parece escaparse de nuestras manos por causas ajenas a nosotros. Los "quizás" son punzadas en nuestro corazón, oraciones con verbos que conjugamos en subjuntivo, deseos que se evaporan en el aire.

Cuando leí aquél texto, me acordé de aquellos musos con los que alguna vez deseé un "quizás", un quizás que nunca se cumplió. Y entonces veo a mi alrededor y veo que cada persona lleva un sinnúmero de "quizás" tatuados en el corazón, no por nada hay incluso una canción que habla sobre ellos (Quizás, quizás, quizás).

Y es que los "quizás" siempre hablan de lo incierto,  de lo que pudo haber sido o de lo que podría ser, y creo que en cierta forma, eso siempre nos causa cierta dolor, angustia, o preocupación. Hablando en términos amorosos, los "quizás" pueden rompernos el corazón.

Los "quizás" también encierran cierto atrevimiento, cierto arrojo, de lanzarnos hacia aquello que deseamos, aunque exista la posibilidad de terminar rotos. El "quizás" es como una frontera entre lo posible y lo imposible, rodeada por todas las posibilidades y las múltiples variables que existen. Lo cual parece un tanto complicado.

Es también una búsqueda, aunque sea una batalla quijotesca, que no nos cansamos de hacer. Es un impulso que nos lleva a buscar una solución distinta, algo que altere nuestra realidad.El "quizás" nos da cierta esperanza, que a veces puede ser derrumbada por una certeza [como aquella que alguna vez te dije: "quizás estaríamos juntos, si tú quisieras" (pero no)].

Quizás sea mejor parar de escribir esta entrada porque siento que deliro. Arre Rocinante.

domingo, 1 de abril de 2018

Untitled (XVII)...


Me gustaria que estuvieras aqui.
Y entonces compartiriamos viajes, fotos y recuerdos.
Me gustaria recargarme en tu hombro cuando estoy triste o cansada.
Me gustaria que me escucharas.
Me gustaria que hicieramos tonterias y no pararamos de reir.
Me gustaria que hablaramos de libros, peliculas, de atomos y moleculas, del universos y de cosas que aun no tienen explicacion. De cualquier cosa pero contigo.
Me gustaria besarte y abrazarte en la cima del mundo.
Me gustaria que coincidieramos.
Me gustaria entralazar nuestras manos y caminar juntos.
Me gustaria prepararte un cafe en las mananas y desearte un buen dia.
Me gustaria enviarte mensajes al anochecer.
Me gustaria que estas lineas tuvieran destinarios y no solo fueran palabras al vacio.
Me gustaria, que un dia, de la nada, te aparecieras.
Me gustaria estar junto a ti.
Me gustaria, amor mio, que existieras.



lunes, 4 de diciembre de 2017

Untitled (XIV)...


A veces me pregunto que hubiera pasado si me hubiese decidido a ir por ti.
Si hubiera tenido la valentía de dejar, mis pensamientos, mis miedos, mis dudas....por ti.
A veces me pregunto que hubiese pasado si aquella noche nos hubiéramos besado.
A veces me pregunto que sería de nosotros si...
Hubiese tomado el autobús y hubiera ido a verte,
Si no nos hubiéramos distanciado,
Si leyeras estas líneas...

A veces me pregunto si algo cambiaría,
a veces me pregunto si volveremos a coincidir algún día.
A veces me pregunto si este mundo redondo, nos pondrá de vuelta.

De las pocas cosas que me arrepiento en esta vida,
es de no haberte buscado.
Y te extraño, en noches como hoy, cuando te pienso tanto.

A veces me pregunto, que pasaría si me escucharas decir esas dos palabras,
será que tu también me amarías?


lunes, 2 de octubre de 2017

Los amores...


Me gustan los amores imperfectos, 
de esos que se construyen con el tiempo. 

Me gustan los amores que no son a primera vista, 
sino de esos en que contemplas la mirada
y te va conquistando poco a poco.

Me gustan los amores que te dejan pensando,
que te mantienen despierto en la noche
soñando.

Me gustan los amores que surgen en el momento inesperado,
que son mágicos.

Me gustan los amores que te dejan suspirando,
y que a medianoche, te roban el aliento.

Me gustan los amores inusuales,
aquellos que surgen de un baile,
en un café, 
o a la luz de las estrellas.

Me gustan los amores que quedan grabados en la memoria,
y te cambian para siempre, para ser mejor.

Me gustan estos tipos de amores, 
y espero encontrar algún día uno así. 


domingo, 26 de marzo de 2017

La surrealidad...


Pensaba en él a menudo, pensaba en él demasiado. Pensaba en los hubiera y en las casualidades que nos habían unido, recordaba también, aquellas pocas horas que habíamos compartido, aquél momento en el que nuestros caminos se cruzaron.Quizás hubiera sido una linda historia de amor, quizás. Pero la vida no nos había vuelto a reunir. Quizá solo habíamos sido un capricho del destino. Volvía a ese momento una y otra vez, con un millón de preguntas y ninguna respuesta. Porqué nos habíamos conocido? Porqué no nos hemos vuelto a ver? Porqué pienso tanto en él? Estas meditaciones vagaban por mi mente mientras me tomaba una taza de café.

Dejé la taza sobre la mesa mientras contemplaba el papel en blanco que tenía frente a mí. Me había sentado con el propósito de escribir algo, pero por azares del destino mi mente había volado hacia él otra vez, distrayéndome de mi cometido. Pensé que estaría haciendo en este momento. Lo imaginaba es la biblioteca pasando delicadamente sus manos a través de documentos importantes, de esos que le prestaban para llevar a cabo sus investigaciones. Suspiré ante tal pensamiento.

Cogí el libro que tenía sobre la repisa para distraerme de mis divagaciones, pero no lo conseguí. Mi mente viajaba hacia él, construyendo historias sobre lo que pudo haber sido. Era como si esencia envolviera el aire que me rodeaba. Lo sé, eso no tiene ningún sentido, pero a veces me gusta creer que nada lo tiene, que quizás la realidad no sea nada más que una surrealidad que nosotros vamos creando. Comenzó a entrarme la nostalgia.

Decidí darle rienda suelta a mi mente, deje que construyera esos momentos que yo hubiera deseado compartir con él, esa surrealidad en la que ambos estábamos juntos. Perdí la noción del tiempo dejándome llevar por ese sueño, esa surrealidad poética que había creado para los dos.

Cuando desperté creí que habían pasado años, pero no, tan solo habían transcurrido quince minutos. A veces no sabía quien era más cruel, la realidad por no estar junto a él o la surrealidad por hacerme creer que estaba junto a él. Lo cierto era que uno de estos días me volvería loca. Viajar entre ambos mundos tiene su precio. 

Y entonces lo entendí: "mundos" esa era la palabra clave. Quizás no podíamos estar juntos en este mundo, en esta realidad y entonces yo podía creer uno en que lo estuviéramos. Era una forma de hacerle un homenaje a aquello que no tuvimos, era la forma de volver inmortal el momento en el que lo conocí. 

Le dí un sorbo al café frío y tomé la pluma. Comencé a escribir una palabra tras otra en la libreta que antes había contemplado. No sé cuánto tiempo paso. Estaba creando un mundo para los dos, y mientras deslizaba la pluma sobre el papel sonreí.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Me gustas...


Me gustas por tu forma de ser.
Me gustas por que ayudas desinteresadamente. 
Porque tienes ideales.
Porque alzas la voz ante las injusticias.
Porque escuchas. Porque escribes.
Porque amas el arte.
Por tu perfecta retórica.
Por tu gusto por las cosas sencillas.
Por tus peculiaridades, y porque siempre
descubro u na cosa más que no sabía que hacías.
Porque viajas, porque lees.
Porque abres tu mundo.
Por la forma en que te anudas las corbatas.
Porque cocinas
Porque me pones a pensar.

Me gustas aunque suene apresurado,
aunque nunca te haya besado.
Me gustas aunque solo te haya visto una vez.
Me gusta que te conocí después, poco a poco.
Me gustas aunque suene algo loco.

Me gustas, y quisiera verte una vez más.
Para decírtelo, para besarte, 
o para despedirnos.



viernes, 22 de julio de 2016

Proyecciones del subconsciente...

Una vez vi en una entrevista que le hicieron a Carlos Fuentes, que "el escritor da sí lo que él mismo ya no podrá recuperar […]  eso ya no te pertenece, le pertenece a los lectores"   y estoy de acuerdo con él. Y es que esto de escribir parece fácil pero no lo es. 

Cada vez que te embarcas en busca de algo que escribir, te embarcas en un viaje sobre ti mismo: ya sea un recuerdo, una idea, una plática reciente... lo que sea que te inspire a escribir, y eso lo plasmas y lo publicas, porque deseas compartirlo, para que alguien lo lea... y eso pasa a formar parte ahora del mundo, de todas aquellas personas que lo leen. Has compartido una parte de ti, y sabes que ya no volverá. No digo que sea algo malo, porque para escribirlo tienes que estar dispuesto a hacerlo.

A veces me pasa que tengo uno de esos famosos "bloqueos" y tengo lapsos en los que ya no sé de qué escribir, siento que la musa se ha ido y que no sé cuando regresará. Supongo que es normal. Y pasan los días, hasta que regresa en forma de una plática o una anécdota, o un pensamiento que habita en tu subsconciente, un sueño o en algo que leíste o viste. Es difícil saberlo, pero cuando llega sientes el deseo de tomar la pluma o el teclado y escribir.

El escritor tiene que recurrir a su memoria o a su curiosidad, y también a eso que me gusta llamar "proyecciones del subconsciente", y con esto me refiero a jugar con los tiempos, a suponer, a imaginar, a cambiar las cosas que no puedes en la realidad pero que siempre te preguntas como hubieran sido si algo hubiese sido diferente. A construir o destruir. Todo es cuestión de viajar a esa misteriosa parte de nuestro cerebro llamada subconsciente. 

Lo fantástico de escribir es que te permite hacer eso que no puedes en la mayoría de trabajos, vivir al borde de la fantasía y la realidad.


sábado, 25 de junio de 2016

Love on the brain...





Hasta cuando vas a darte cuenta del amor que te tengo?
Hasta cuando vas a darte cuenta de que estamos destinados a estar juntos?
Si, lo sé, suena desesperado
Pero es que no puedo esperar a que el amor nos consuma
Quizás suene exagerado, pero no puedo esperar a tenerte entre mis brazos
El tiempo nos hizo coincidir
Ahora es tiempo de tomar el destino en nuestras manos
Ven y toma mi mano, vamos juntos, a construir un nuevo mundo
Enamoráte, enamorame, enamoremonos
Porque quiero estar junto a ti
Empecemos a conjugar los verbos en plural, juntos
Desafiemos la reglas del universo
Besáme, tocáme, ámame
Esos son los verbos que quiero probrar junto a ti
Saliendo de tu boca
Oh ven dulce amor, que ya me has hechizado
Y siento que el amor ha traspasado mi corazón
y ha invadido mi mente, mis venas, mi yo
Por favor, date cuenta de mi amor.

Nota: El texto es de mi autoría.

miércoles, 15 de junio de 2016

La tristeza...




Hay una tristeza en mí
La siento brotar del corazón
Echando raíces lentamente...

Es una tristeza que siempre ha estado ahí
Aunque a veces ha tenido nombres distintos
Ahora lo sé

Es una tristeza que a veces se va
pero que siempre regresa,
como las olas del mar

Es una tristeza de esas que no se curan
ni con tragos de tequila,
que pueden durar por días, quizás por toda la vida.

Es la añoranza de tiempo más felices,
de recuerdos, de esperanzas, de deseos...
Tal vez sea melancolía renovada.

Es de esas tristezas que se suspiran,
que se hace un poco más llevadera con compañía.

Es de esas tristezas que florecen, y que como las plantas
se riega con lágrimas.

Es una tristeza palpitante, silenciosa, profunda.
Es de esas que se llevan en el alma.


martes, 7 de junio de 2016

Untitled (VIII)...


Ojalá nuestras conversaciones se transformaran en algo más que charlas banales.
Ojalá nuestras miradas se cruzaran, en vez de coincidir de vez en cuando.
Ojalá pudiera sentir tu tacto.
Ojalá estas oraciones se transformaran en acciones.
Pero estas muy lejos, y no necesariamente en kilómetros, hay distancias que simplemente no son cuantificables.
Ojalá pudiera respirarte en vez de suspirarte.
Ojalá me envolvieras en tus brazos y nunca me dejarás ir.
Pero son tan solo deseos, pensamientos nocturnos, que se evaporan con la luz de la mañana.
Porque sin importar cuanto trate, parece que no puedo alcanzarte.
Ojalá leyeras esto, porque así sabrías lo que siento por ti. Y tal vez, vendrías a buscarme.
Pero tan solo son esperanzas hilvanadas, rotas, para convencerme de que algún día llegarás.



viernes, 3 de junio de 2016

Pecado


Pecado fue enamorarme de alguien prohibido.
Pecado es amarte entre sombras, entre susurros, de noche.
Pecado es amarte por horas, por minutos, siempre a destiempo.
Pecado es no haberte conocido antes, y eso, el haberlo dicho, también es pecado.

Pecado es besarte, sabiendo que tus labios no me pertenecen.
Es cuando tu me recorres con tus manos, sabiendo que alguien que te espera.
Pecado es esto que hacemos, es estar juntos.

A veces quisiera no haberte conocido,
no haberte mirado,
no haberte tocado,
no haberte besado,
por ese fue el principio de mi condena.

Mi penitencia será amarte sin poder tenerte.
Un dolor que tendré siempre,
aunque por ratos sea libre.

Aunque quisiera alejarme, aunque quisiera irme
te seguiré amando.
Tu eres mi pecado.


viernes, 1 de abril de 2016

Work of Fiction: Inmortal




Allí estábamos los dos, frente a frente. Sujetaba el arco con fuerza pero no me atrevía a disparar la flecha. Él me miraba, como siempre, con decisión, con esa tenacidad que siempre le caracterizaba. Sabía que no fallaría, sabía que una vez que disparara esa flecha, volaría firmemente hasta que le atravesara el corazón. Yo era muy diestra con el arco, y él lo era con la espada. Por eso quería que él lo hiciera primera, que me atravesara con el frío metal la piel y que yo no pudiera disparar esa flecha. Lo sé, es un deseo suicida. Pero lo cierto es que yo no quería disparar. Pero tampoco podía rendirme. Todo era más complicado que eso, y mucho más cruel. Mientras lo seguía observando, me pasaban por la cabeza todos los momentos que habíamos pasados juntos, pocos pero inmortales. Seguramente después de la batalla se convertirían en recuerdos que acompañarían por siempre a alguno de los dos.

Yo estaba enamorada de él, estaba enamorada de mi enemigo. O al menos eso era lo que él representaba para mi familia, un enemigo. Nuestras familias habían sido rivales por todo el tiempo que yo podía recordar y más atrás, quizás por siempre. Si alguna vez compartimos lazos afectivos nunca ha sido revelado. Hasta ahora. Se suponía que todo sería diferente. Pero acaso no siempre es lo que quisieramos, qué todo fuera diferente? Mis padres, por ejemplo, deseaban con todas sus fuerzas concebir un hijo varón. Pero no fue así, contra todo lo previsto, tuvieron una hija, yo. La heredera, la última de su linaje, y la que esperaban, fuera la vencedora de la batalla. Tampoco es que me hayan tratado mal, a veces mi padre era un poco duro conmigo, pero creo que la mayoría de los padres lo son. Siendo la única hija, me entrenaron en la artes de la lucha, así que podía manejar con habilidad ciertas armas, pero mi favorita era el arco, dominé el arte de manejarlo y ahora me encontraba aquí, dispuesta a usarlo. A disparar una última flecha.

Yo seguía los ojos de mi adversario, y recordé el momento en el que nos habíamos conocido. Habia sido en un baile donde él se había colado, idea de uno de sus primos, para conocer a la "familia rival", la familia que tanto odiaban sus padres. A veces pienso en si los acontecimientos se hubieran presentado en diferente forma, tal vez ni siquiera nos hubiéramos enamorado.Pero el destino actúa en formas misteriosas, y yo me crucé con su mirada. Y entonces lo supe. Aún recuerdo la sensación que me produjo su mirada, no fueron las típicas mariposas, ni tampoco una alegría indescriptible. Sentí como si una flecha me atravesara el corazón, el dolor fue tan real que me llevé una mano al pecho, pero no había ninguna herida. Fue algo tan extraño que me cambiaría para siempre.

Por supuesto, mis padres tenían planes diferentes para mí. Casarme con alguno de súbditos nobles, o con el heredero de alguna gran casa rica y poderosa. Cualquiera que pudiera acrecentar su poder. Mi madre me lo había dicho alguna vez "las mujeres solo servimos para casarnos". Detestaba ese frase, y creo que mi madre también, porque había un dejo de amargura cuando la dijo. Probablemente, su madre si la había dicho y tuvo que creérsela. Pero yo no.

Ahora a él y a mi, nos separaba un campo de batalla, pero siempre nos había separado la rivalidad de nuestras familias. Siempre peleando por tierras, por poder, por súbditos. Siempre peleando por todo lo que no era lo importante. Mientras nosotros, los herederos de ambos, yacíamos en la batalla final. Solo un vencedor, pero eso no parecía importarles. Fue en ese momento que supe que toda nuestra vida nos habían preparado para esto. Habían decidido sacrificarnos desde hace mucho tiempo.

Yo sabía que nuestro amor era imposible. Lo supe desde el momento en que probé sus labios, pero aún así quise entregarme a la utopía que era quererlo. Habíamos sido unos tontos por creer que podríamos cambiar las cosas, que tal vez podíamos unir a nuestras familiar... Teníamos tantos deseos, que en ese momento no podíamos darnos cuenta de lo que equivocados que estábamos. Éramos unos tontos.

Por un momento pensé en soltar el arma. Deseaba correr y entregarme a sus brazos. Besarlo una última vez. Sabía que se acababa el tiempo y que tarde o temprano uno de los dos tendría que actuar. 

Me permití un último recuerdo. Aquella vez que estuvimos juntos por primera vez. Recordé el tacto de su piel, la calidez de su respiración, la suavidad de su cabello, la destreza de sus manos rasposas y la tenacidad de su mirada. Sabía que el recuerdo de esa noche me lo llevaría conmigo. 

-¡Hazlo! - gritó la voz de mi padre.
Y por primera vez no pude soportarla. Ni siquiera cuando me regañaba me había parecido intolerable, pero esta vez sí.

La cuerda estaba tensa y la flecha estaba en posición, tan solo tenía que soltarla. Pero no podía. El brazo me dolía de mantener la misma posición, pero una fuerza desconocida me hacía incapaz de moverme.

-Hazlo por favor - murmuré.

Tenía la esperanza de que él hubiera leído mis labios. Una lágrima resbaló por mi mejilla. Él sostenía la espada con firmeza y había determinación en su mirada. Supe que había entendido lo que había dicho. Comenzó a avanzar.

Yo solo quería que todo terminara. Sabía que nuestro amor era imposible. Ambos lo supimos. Y quizás este había sido nuestro destino desde el principio. Éramos juguetes del destino. Había algo de poético en toda esta situación. Tal vez se acabaría todo, pero nosotros nos volveríamos inmortales. Escribirían historias sobre nosotros, sobre los amantes desdichados, los jóvenes enamorados que no podían estar juntos. El mundo sabía sobre nosotros y nuestro amor inmortal. Porque si algo había entendido era precisamente eso, que el amor era inmortal.

Entonces una idea atravesó mi mente. Él avanzaba hacia mí, me miraba fijamente, y asintió. Lo supe, él había tenido la misma idea que yo. Vacilé por un momento, pero el murmuró algo. Suspiré por una última vez y solté la flecha. Él estaba cerca. Quise cerrar los ojos para no ver el resultado pero fue demasiado tarde. La flecha dio en el blanco. Se llevó una mano al pecho y dio un par de pasos. Me acerqué hasta él y lo miré una vez más. No diré que fue la última vez porque estaba segura que seguiría observando sus ojos, sus hermosos ojos por toda la eternidad.

Me tomó por la cintura y me besó. En ese momento sentí el frío metal atravesarme la piel. Me sujeté de sus cuello y tuve la misma sensación que cuando lo conocí. Me lleve una mano al pecho. Murmuré un te amo y después todo se desvaneció.

****
Nota: Esta historia está basada ligeramente en Romeo y Julieta de William Shakespeare. 
La frase en letra cursiva "Éramos juguetes del destino" aparece en Romeo y Julieta, Acto III, Escena I (I am fortune's fool - soy un juguete del destino)

jueves, 17 de marzo de 2016

El dulce dolor...

Me dijo que no. Y como se supone que debe seguir el tiempo?
Me dijo que no, que quería a alguien más. Y que se puede hacer, si en el corazón no se manda. 
Escuché sus palabras y por un tiempo todo se congeló. Todo se reducía a ese momento, a esos segundos que transcurrieron al compás de mis latidos. Y después todo colapsó.
No, el dolor no fue inmediato. Fue después de que su voz entró en mi mente, y que pude mecanizar lo que me había dicho. Nos abrazamos. Había sido una despedida.
Pensé que el tiempo era muy injusto, porque continuaba, como si nada, como si en ese momento no hubiera miles de personas con el corazón roto, como yo. Gente que en ese mismo instante estaba derramando lágrimas, y el tiempo no nos dedicaba nada. No nos daba una tregua. Avanzaba, normalmente, como si nada hubiera pasado. 

Recuerdo haber sentido las punzadas de dolor, espaciadas al principio, y después más continuas, hasta que pude sentir la oleada de dolor en todo su esplendor. Porqué hay algo de belleza en los corazones rotos, algo poético en ellos. Acaso no los grandes poetas han escrito sus mejores obras cuando tenían el corazón roto?

Arriesgué. Dije lo que pensé que nunca me atrevería. Pronuncié las palabras más hermosas del planeta. Pero él me dijo que no. Y no puedo culparlo, no podemos elegir de quién nos enamoramos. Sólo pasa, y tenemos que dejar que ese rayo nos golpee y nos sacuda, y si salimos bien será maravilloso y si no debemos pasar por la tormenta. Lo sabía. Había calculado la probabilidades.
Pero ahora solo estaba yo con mi corazón roto, con la herida abierta y con el dolor golpeándome con toda su fuerza. Pero era un dulce dolor. Incluso las lágrimas tenían un sabor dulce, era extraño.

Sabía que con él tiempo la herida sanaría. Sabía que volvería a amar y sabía que algún día volvería a sentir este dolor. Era parte de la vida. Sabía que la tormenta era necesaria para poder ver el arcoiris. Y tal vez el tiempo me concedería una tregua después de todo. Algún día, cuando lo considerara pertinente.

Pero mientras llegaba ese momento tendría que rearmarme a mí misma. Y aunque me dijo que no, volvería a decírselo, porque el amor no debería vivir en el silencio. Hay que decirlo, aunque duela, hay que gritarlo,...

Y créeme que te lo volvería a decir, amor.


jueves, 10 de marzo de 2016

Nosotros (en subjuntivo)

"No somos, ni fuimos, ni seremos", así es como han terminado algunas historias de amor, y que digo terminado, muchas ni siquiera tuvieron la oportunidad de comenzar, se evaporaron en el aire como el agua del océano. Terminaron con un "tal vez", un "pudiera", un "ojalá", se perdieron en verbos conjugados en subjuntivo, que siempre avivan la esperanza, aunque ésta con el tiempo se vaya desvaneciendo.

Y es que el amor es una cosa rara, pero tal vez sea en eso, en lo que reside su esplendorosa belleza. Sin importar cuántas revistas leas, cuantos libros consultes, o lo que diga la ciencia, lo cierto es que no sabemos nada del amor; porque si lo supiéramos lo aplicaríamos de la forma correcta, como cuando aplicamos una fórmula para resolver un problema. Pero no el amor, no, el amor aún permanece como una incógnita que seguimos sin saber aplicar, sin saber como sucede, sin poderlo controlar. Si pudiéramos elegir a quiénes amar sería más sencillo, y nos evitaríamos mucho dolor. Pero vamos a ciegas, esperando el choque que nos haga sentir enamorados. Qué loco!

Lo cierto es que para que haya amor debe haber dos, dos locos dispuestos a enamorarse. Pero ese no es nuestro caso, solo míranos, nosotros no somos, ni fuimos, ni seremos. Y quisiera culparte a ti, pero realmente no puedo hacerlo, porqué el amor solo sucede, y a veces no es correspondido. Soló me queda conjugar mis verbos en subjuntivo, pensar en un "tal vez" o un "ojalá". Si tal vez nos hubiésemos conocido antes, si no estuvieses enamorado de alguien, si tan solo...

Paro. Tan solo me queda pensar que algún día encuentre a otro loco como yo.


domingo, 28 de febrero de 2016

Work of Fiction: Nyctophilia...




Camino por el asfalto con mis tenis desgastados, y siento una pequeña felicidad interior al saber que ese desgaste se debe a mis paseos nocturnos, se han convertido ahora en una parte de mí. Es una noche fría, y siento el viento golpearme la cara, y atravesarme los poros de la piel, pero no importa, porque eso te hace sentir vivo. Me arrebujó en la chaqueta de cuero y enciendo un cigarro, sí, es mi compañero fiel. Pese a la oscuridad, llevo lentes negros, creo que le da más intensidad al momento o quizás solo he perdido la cabeza.

Mi nueva rutina nocturna, se la debo a mis insomnios. Hace un mes dejé de poder conciliar el sueño en las noches y después de dar innumerables vueltas en la cama decidí hacer algo al respecto. Al principio leía, después me ponía frenéticamente a escribir, pero no me bastaba. Así que decidí salir y recorrer la ciudad, y entonces sucedió la magia, me había enamorado. No voy a negarlo, al principio me producía escalofríos pero poco a poco fueron disipándose como niebla al amanecer. A veces llevo un libro y lo leo sobre el puente mientras contemplo el mar. He llegado a pensar que la noche hace una gran diferencia, y aunque suene trillado, todo me parece un poco más poético, más nostálgico, más decadente.

Camino y fumo, miro, observó, pienso, leo. En la noche tengo oportunidad de llevar  a cabo todo esos verbos que el día no me deja, porque siempre hay algo más importante que hacer. Pero la noche es diferente, es tranquila, es paciente, y te da libertad, es tu cómplice, tu amante. 

Puedes conocer mejor tu ciudad, verla con una luz diferente. Lejos de la perfección que todos intentamos construir pero que sabemos es imposible de alcanzar. Eso me gusta de la noche, es más honesta. Antes, cuando despertaba, sentía miedo, miedo de la noche, de esa oscuridad tan misteriosa y deseaba volver a dormirme lo más rápido posible. Ahora pienso, que la noche es una oportunidad para ponerme cara a cara con mi soledad, para hacer las pases con ella y conocerme mejor a mi misma. Pero no es fácil, nos la pasamos huyéndole, porque enfrentar la soledad requiere mirarse en un espejo, y ver más que solo el reflejo, requiere aceptación, sinceridad, y de vez en cuando, lágrimas. Noche y soledad, compañeras de vida.

Sigo mi camino y observó las luces de las casas que iluminan el paisaje. Se me figuran pequeñas luciérnagas en un bosque inmenso. Todas esas luces haciéndole frente a la oscuridad, como un batallón en espera permanente del enemigo. Si tan solo, lo viéramos diferente.

Y aquí estoy yo caminando, oyendo el sonido de mis propios pasos, a través de cada calle, acompañados de vez en cuando por el sonido de un auto o la música lejana de alguna fiesta. Quiero llegar hasta la playa. Me dirijo hacia el puente porque es un ruta más rápida y la vista es hermosa. El viento se hace más fuerte y siento mi piel enchinarse por el frío. Con dificultad enciendo otro cigarro, el sabor a tabaco me inunda la boca y continúo andando.

La vista desde el puente es un belleza, el mar está tranquilo y las olas golpean con suavidad la orilla. Imagino que el agua debe estar helada. El cabello me impide una visión clara pero no importa, el camino me lo sé de memoria. A lo lejos escucho unas campanadas. Entono un par de melodías. De repente, me paro y contemplo el cielo, es un hermosa noche. Las estrellas dibujan un estela en el cielo, como un vaso de leche derramado. Desearía estar allá arriba y contemplarlo todo: mi ciudad, mi casa, las calles, el puentes, la playa...

Cierro los ojos e intento absorber ese instante, sentirme parte del universo, porque en la mayor parte del tiempo me siento como una marginada. Y no es que eso sentirme mal, simplemente, la mayor parte del tiempo no coincido con la gente.

Camino más aprisa porque siento que una energía me mueve, deseo llegar a la playa. Sin darme cuenta, estoy trotando, impulsada por una batería interna. Hasta que llego. Me quito los tenis y piso la arena. Aminoró la marcha y disfruto cada paso, cada huella. Imagino mis pasos cruzándose con los de cientos de personas más, pero sin conocernos, sin toparnos siquiera, pero todos viniendo a este hermoso lugar. Llegó hasta la orilla y contempló el mar, negro, inmenso, misterioso, como la noche. El aire esta helado, pero aún así me quito la chamarra. Quiero sentir. Estiro los brazos y doy un par de vueltas como lo hacía cuando era niña y venía a la playa con mis padres. 

El agua roza mis pies y puedo sentir lo fría que está. La piel se me enchina de nuevo, respiró profundamente e introduzco los pies en el mar. En ese momento deseo fundirme con la playa, volverme agua y sal, volverme infinita y misteriosa. Como la noche.

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Nota: Esta es una obra de ficción, cualquier parecido con la realidad o la surrealidad es pura coincidencia.

miércoles, 3 de febrero de 2016

La Soledad (II)...


En estos días he pensado mucho en la soledad. Eso no es nuevo, porque pienso continuamente en ella. La soledad es una ola que viene y va, y he pensado en ella pero no de una forma deprimente, sino todo lo contrario. Siento que la extraño, como extrañas a un viejo amigo al que tienes muchas ganas de abrazar. Y es que, aunque tengo una relación complicada con ella, he pensado (últimamente) que la he desaprovechado. Necesito sopesarla, disfrutarla, hacer las pases y llevarme bien con ella. Si, he tenido esos lapsos, pero en los últimos meses, o quizá en los últimos dos años, sobrellevarla fue un tanto dífil. He querido alejarla, apartarme de ella, la he visto como enemiga, y en consecuencia, he tratado de reemplezarla con malos hábitos, de sustituirla de formas banales, de malbaratarla con amores vacíos.... y la cosa no ha resultado  bien.

Es tan raro encontrarte con personas que en verdad aprecien su soledad, que en verdad la disfruten y no la vean como una carga, o un augurio de mala suerte. Creo que eso se logra cuando haz logrado hacer las paces contigo mismo, y has alcanzado la paz espiritual, algo que no es fácil. Pero cuando lograr conocer a una persona que "valora" su soledad, su semblante es particular, y difícil de poner en palabras. 

Hoy mientras esperaba el taxi, tuve un "lapsus honestus" y reflexioné en todas las cosas con las que he tratado de llenar mi soledad. Hay algo incoherente en ese uso de palabras "llenar la soledad", como si fuera un recipiente en el que se puede colocar cualquier cosa. Pero la soledad es más que eso, es un estado en el que puedes sincerarte contigo mismo. Y me dí cuenta de que en vez de disfrutarla, la he malgastado.

Vi a mi alrededor y todo se me hizo tan rutinario, tan lleno de apariencias. Siempre viendo "en corto" en ver de "ver más allá". Siempre hablando de las mismas cosas banales, en vez de proponer ideas, de debatir los temas. Siempre siguiendo el guión social que se nos ha establecido. Siempre lo mismo. Y muchas veces, lo hacemos para escapar del tedio, y escondido más allá, de la soledad. Creyendo que podemos escapar de ella, que podemos llenarla de cosas y personas como si fuera un ropero viejo.  

La soledad es un estado puro del ser. Soledad, tenemos que hacer las paces.


jueves, 28 de enero de 2016

Sus ojos...

Me encanta ver sus ojos.
Y es que tienen una magia especial.
El color es lo de menos, puedes encontrar tanto en ellos.
La forma en que se encienden cuando hablan de algo que le apasiona. Brillan.
Me gustan también la forma en que se detienen y te observan, fijamente, como queriendo desvelar todos tus secretos.
Me gustan cuando se encuentra pensativo, y entonces sus ojos, adoptan un aire misterioso, y se convierten en un túnel interminable, oscuro e impenetrable. En esos momentos quiero adivinar sus pensamientos.
Me gustan cuando se reflejan en ellos las estrellas. En serio, puedes encontrar allí galaxias.
Me gustan porque él tiene esa peculiaridad se sonreír con la mirada.
Me gustan de noche y de día, pero me encantan al atardecer, cuando en sus pupilas se descomponen los colores de la puesta de sol. Es impresionante.
Me gustan cuando me debaten, cuando me argumentan, cuando me contradicen. Me gusta ver el caos en ellos.
Y lo admito, me encantan cuando me desnuda con ellos. Y no es sólo que me quite la ropa, sino cuando ve más allá de mí, cuando ven algo que los demás no ven.
Me encantan sus ojos, tienen una magia especial, pero quizás lo digo porque estoy enamorada de él...

Sin embargo, deberías ver sus ojos cuando habla de ella. Y aunque el corazón se me destroza, debo admitir que es un espectáculo maravilloso. Porque entonces sus ojos, universos chocan, y puedo ver explosiones en ellos, hay una luz especial, de esas que solo tienen los enamorados. Cada vez que habla de ella, sus ojos se iluminan, y veo en ellos constelaciones de estrellas infinitas. Definitivamente hay una magia especial en ellos, y que irónico es que es justamente en ese momento en el que yo me despedazo, cuando los veo más hermosos, y me enamoro más de él.



viernes, 15 de enero de 2016

Ojalá...

Ojalá tuviera a alguien que me dedicara canciones.
Ojalá tuviera a alguien cuyo abrazo me hiciera estremecer.
Ojalá tuviera alguien a quién besar bajo la lluvia.
Ojalá tuviera a a alguien con quien contemplar el amanecer.
Ojalá tuviera un "somos" y la promesa de un "seremos".
Ojalá pudiera conjugar mis verbos en plural.
Hay tantos "ojalá" que quisiera llenar...
Ojalá pudiera terminar este escrito con tu nombre, celebrar que te he encontrado...no, que nos hemos encontrado.
Pero mi soledad se ha expandido tanto, como el universo, abarcándome, y a veces creo que, abarcándote también. Tal parece que solo hay espacio para más soledad, pero donde puedes guardar tanta?
"Nada es para siempre" es lo que me dicen, pero ya sabemos que lo soledad puede durar 100 años.
Lo sé, sueno dramática, pero si conocieras mis historia lo entenderías.

Ojalá leyeras esto y pensarás en mí.


martes, 15 de diciembre de 2015

Untitled (VI)...

Mientras me fumo un segundo cigarro miro la hora en mi reloj dorado. 9:16 a.m. Tic tac. Observo detenidamente el movimiento de la pequeña manecilla: un segundo, otro segundo, otro segundo...Así han transcurrido 30 segundos y yo solo me la he pasado mirando un reloj! Bien lo dicen, que rápido pasa el tiempo...

El tiempo, ese viajero silencioso que nos acompaña toda nuestra vida y al que tanto tememos. Tic tac. Es el único sonido que emite de vez en cuando. De repente pienso en todas las cosas que están sucediendo en este mismo segundo: Que estará sucediendo en Marte? Y en Universo? Estarán colisionando planetas? Se estará formando alguna nueva estrella? Se esta expandiendo o contrayendo el universo? Mmmm.

Miro de nuevo e reloj. Ha avanzado unos minutos. Que larga me ha aparecido su ausencia...En términos simples podría decir que la ausencia no es más que la suma de años, meses, semanas, días, minutos y segundos pensando en él. Así de larga ha sido la espera.
Miro el reloj y le pido al tiempo, fervientemente, una tregua. Un período, aunque sea breve, en el que se detenga, en el que pueda disfrutar de su presencia, de su compañía, de su plática, de sus abrazos y sus besos. No pido un instante en el que el tiempo se congele al tocar su mano. No pido más que una tregua entre el tiempo y el amor. Pero parece en vano. No hay respuesta de su parte,

Oh el tiempo. Nos la pasamos luchando contra él, siempre persiguiéndolo, rogándole que nos alcance para hacer todo lo que queremos, aunque siempre lo posterguemos para mañana. Mañana, mañana, mañana, la cantaleta de siempre. Vivimos en el futuro, aunque eso sea científicamente imposible. Solo existimos en este momento, en este instante, en este segundo, cada uno de nosotros y el universo. Tenemos el ahora, el espectacular ahora, porqué empeñarnos en el futuro? 

Blah. Tal vez he perdido la cordura, al vez sea culpa del tabaco. Le doy un último vistazo a ese pequeño aparato mecánico con manecillas y le hago una vez más la misma petición: "Tiempo, por favor, concédeme una tregua".