miércoles, 28 de septiembre de 2016

La Visita...




Mientras caminaba hacia el edificio de mi terapeuta mi mente dijo: "no vayas". Dos palabras bastaron para que comenzara a sentir temor, pero aún así, mis pies desobedecieron las órdenes de mi cerebro y me condujeron hasta el edificio. Perdí la cuenta del número de veces que contemplé irme pero que terminé desistiendo. La espera fue larga.

Comencé a pensar en el porqué de mis resistencia, porque mi mente había decidido ponerme obstáculos hacia esta experiencia que era familiar, Quizás por eso mismo, porque ya sabía de lo que iba a tratar. La idea no me hizo sentir más tranquila.

Entonces pensé que reconocer tus propias faltas o errores nos causa miedo. No es la idea de visitar a un psicólogo la que nos espanta, ni la idea de escuchar una opinión sobre nuestra vida, eso sucede a menudo. Es la idea de enfrentarnos a nosotros mismos. De ver quienes somos, descubrirnos, aceptarnos y/o cambiar, Y  la idea del cambio nos parece inconcebible, porque llevamos años evitando hacerlo, acostumbrados a nuestra rutina, cómodos con ella, creyendo que es lo mejor que nos pudo haber pasado. Terminamos por convencernos de que es lo que queremos.

A veces, en esos momentos, logras ver el poder que tiene tu mente. La mente puede controlarte, decirte que tal cosa o persona pueda hacerte feliz aunque eso no siempre sea cierto. Te crees tu propia ilusión, esa fantasía que vamos creando para refugiarnos; si embargo, cuando llegas a tener momentos de lucidez, ves la realidad y el espejismo se hace añicos. Y al final solo queda decidir si seguirás viviendo en utopía o si estás dispuesto a cambiar. Ambos caminos son difíciles, ambos caminos requieren sacrificios.

Mientras pensaba todo esto quise irme. Levantarme y correr, y repetirme a mi misma que todo iba a estar bien, que podría superarlo sola. Pero yo sabía que no lo estaba. Recordé el motivo por el que había decidido venir: la búsqueda de mi equilibrio, de ese que perdí y que me ha metido en un torbellino. "Estoy aquí porque quiero volver a el, a mi equilibrio" me dije y traté de que eso me diera valor. Pensé en las cosas que había aprendido y pensé en aquellas que necesitaba aprender, y quizás aún necesitaba aprender sobre mí  misma. Pensé en La Física de la Búsqueda y del equilibrio. Pensé en el cambio. Pensé en mí. Y entonces entré.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Me gustas...


Me gustas por tu forma de ser.
Me gustas por que ayudas desinteresadamente. 
Porque tienes ideales.
Porque alzas la voz ante las injusticias.
Porque escuchas. Porque escribes.
Porque amas el arte.
Por tu perfecta retórica.
Por tu gusto por las cosas sencillas.
Por tus peculiaridades, y porque siempre
descubro u na cosa más que no sabía que hacías.
Porque viajas, porque lees.
Porque abres tu mundo.
Por la forma en que te anudas las corbatas.
Porque cocinas
Porque me pones a pensar.

Me gustas aunque suene apresurado,
aunque nunca te haya besado.
Me gustas aunque solo te haya visto una vez.
Me gusta que te conocí después, poco a poco.
Me gustas aunque suene algo loco.

Me gustas, y quisiera verte una vez más.
Para decírtelo, para besarte, 
o para despedirnos.



martes, 20 de septiembre de 2016

domingo, 18 de septiembre de 2016

Work of fiction: Electric Heart




-Creo que estoy enamorado de ella-
Dejé que sus palabras entraran lentamente en mi cabeza y se asentarán con un duro golpe, como un barco que ha alcanzado el fondo del mar. Las palabras resonaron en mi cabeza, pero yo aún no lograba comprenderlas, por algún motivo extraño, mi cerebro estaba tardando en procesarlas. Pero cuando por fin logré entenderlas sentí una chispa en el corazón. Sabía lo que estaba por venir, el corto circuito, el dolor que me envolvería como una tormenta, larga y oscura, que te dejan agotada. 

No sabía que decir, sabía que tenía un deber como amiga, y seguramente podía dar una de esas respuestas frías y ensayadas que todos tenemos, pero no se me ocurría ninguna. Sonreí ligeramente y tomé un trago de café. Tenía la esperanza de que la cafeína me despejara la cabeza y me quitara un poco el dolor que iba expandiéndose por mi corazón. Del otro lado de la mesa, Luis aguardaba mi respuesta. Al notar mi silencio, siguió hablando.

-No lo sé, es que con ella, todo es tan diferente - dijo lanzando un suspiro. Deseé con todo mi corazón que ese suspiro me perteneciera, que fuera para mí, pero sabía que no era sería y que nunca sería así. Conocí a Luis en la universidad, estudiamos la misma carrera y nos hicimos buenos amigos. Me enamoré de él. Me conocía tan bien, y yo a él. Se lo confesé pero me dijo que él no podía corresponderme porque solo me veía como una amiga, le dije que no había problema, que lo entendía y que siguiéramos siendo amigos. Tardamos un poco en volver a tratarnos normal pero finalmente lo logramos, después de todo éramos personas maduras. Sin embargo, yo seguía enamorada de él. No sabía si él también lo continuaba creyendo, o quizás pensaba que ya lo había superado. Después de todo me había presentado a Elisa, la chica de la que me estaba hablando.

-Estás bien? No has dicho ni una palabra. - Tomó la copa de vino tinto y tomó un sorbo.

-No, es solo... estoy un poco distraída eso es todo.- Traté de sonar lo más convincente que pude. 

-Es solo que creo que Elisa podía ser la indicada. Ya sabes, para casarme.

En ese momento juró que pude escuchar el kaboom! de mi corazón explotando en mil pedazos. Hice todo lo que pude para contener las lágrimas. Decidí que necesitaba más café y apuré lo más que pude de un trago, pero aún así no pude evitar el corto circuito que estaba teniendo lugar en mi anterior. Y aunque no podía ver mi corazón lo sentía como uno de esos anuncios de neon que parpadean y que sabes que están por apagarse.

-Irene - me dijo - estás bien? 

En serio traté, pero ya no pude ocultar las lágrimas. Una música triste comenzó a sonar en las bocinas del restaurant. Todo era tan inverosímil y sin embargo estaba sucediendo.

-Lo siento - murmuré entre sollozos. Supe que la gente nos estaba mirando y traté de recomponerme, pero el dolor era inevitable, se había disparada y lo sentía correr para las venas, invadiéndome completamente.

Luis me miraba perplejo, y entonces vi que su expresión comenzó a cambiar. Lo entendió. En sus ojos comenzó a sentarse la verdad. Lo supo. Sabía que durante todo este tiempo yo aun seguía enamorada de él, y que por eso estaba reaccionando de esta manera.

Quise decirle que eran lágrimas de felicidad, que estaba feliz por él, que todo iría bien. Porque eso es lo que hacen los amigos, Y sin embargo la voz no me salía, parecía que se había ido por algún agujero negro y me asustaba la idea de no volverla a oír. Pero lo que me aterrorizaba aun más era la idea de perderlo para siempre.

-Después de todo este tiempo.... - murmuró. Sus ojos dibujaban tristeza. Guardó silencio. 

-Estoy feliz por ti - yo sabía que había sonado falso. Mi aspecto y lo que decía no concordaban. Me miré las manos esperando que Luis dijera algo. Pero solo me miraba, con una mirada indescifrable. 

-Yo...- dijo e hizo una larga pausa - He sido un imbécil. Perdóname.

No había nada que perdonar. Él había seguido con su vida, había conocido a alguien más y se había enamorado. Era algo natural. Lo único que me dolía es que no había sido de mí. Moví la cabeza esperando que comprendiera lo que yo estaba pensando, pero sabía que no era posible. Respiré, tratando de recomponerme y logré sacar un hilo de voz de ese lugar oscuro donde se encontraba.

-No hay nada que perdonar. Estoy feliz por ti. En serio. - Esta vez mi sonó distinta. Las palabras manaron de mi corazón que estaba a punto de apagarse. No duraría mucho tiempo. Luis guardó silencio una vez más. Los recuerdos de ambos pasaron por mi mente, en cámara lenta, danzando al compás de la música triste que sonaba.

Me observé las manos y noté que las venas empezaron a tornarse azules. Mi piel estaba fría como el hielo. Miré a Luis. Quería verlo una vez más. Quería verlo para siempre.

-Pensé que ... - ahora parecía que la voz de Luis se había por el agujero negro - Ha transcurrido tanto tiempo desde que me lo dijiste. Pensé que...

Moví la cabeza y sonreí.  Sostuve la taza y di un último trago al café. 

-Siempre, siempre te amaré.

La taza se me cayó de las manos y se estampo en el piso, quebrándose. La cara de Luis dibujó una expresión de alarma. Yo sentí el frío recorriéndome todo el cuerpo, envolviéndome como una manta, aunque la comparación suene ridícula. Mi piel se estaba volviendo pálida, y un color azuláceo, empezaba a apoderarse de ella. Todo el restaurant nos observaba. Mi corazón parpadeaba cada vez más, y me arrastraba hacia la oscuridad, o quizás me convirtiendo en ella. Pero no me importaba, yo sería la noche y Luis, sería las estrellas, yo sería el lienzo y el la luz que brillaría por siempre. Quizás así concluían algunas historias de amor. 

Sentí una lágrima recorrer mi mejilla, y el calor del café desaparecer de mis labios. Yo no dejaba de mirar a Luis, sabía que él era lo que yo quería ver por siempre. El fue siempre mi certeza. Lo amaba y siempre sería así.

Y de repente mi corazón se apagó.

****
Nota: esta es una obra de ficción, cualquier parecido con la realidad o la surrealidad es pura coincidencia. La música que suena en el restauran es "Vinegar & Salt" del grupo Hooverphonic.

sábado, 17 de septiembre de 2016

For Women Who Are Difficult To Love....





you are a horse running alone

and he tries to tame you
compares you to an impossible highway
to a burning house
says you are blinding him
that he could never leave you
forget you
want anything but you
you dizzy him, you are unbearable
every woman before or after you
is doused in your name
you fill his mouth
his teeth ache with memory of taste
his body just a long shadow seeking yours
but you are always too intense
frightening in the way you want him
unashamed and sacrificial
he tells you that no man can live up to the one who
lives in your head
and you tried to change didn't you?
closed your mouth more
tried to be softer
prettier
less volatile, less awake
but even when sleeping you could feel
him travelling away from you in his dreams
so what did you want to do love
split his head open?
you can't make homes out of human beings
someone should have already told you that
and if he wants to leave
then let him leave
you are terrifying
and strange and beautiful
something not everyone knows how to love.


Warsan Shire

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La de la mala suerte...

Soy de las que le va mal en el amor. Y no lo digo para sonar como heroína trágica, de hecho creo que es lo último a que suena. Pero es que en serio, parece que estoy salada.

Me le declaré un chico y me dio que no. No es que le tema al rechazo, creo que es parte de la vida. Y aún así la suma de tantas decepciones puede hacerse difícil de sobrellevar.

Y aquí estoy, a medio sentir entre la melancolía y la rabia, escuchando canciones de Adele mientras me apuró un vaso de whisky y dejo el cigarro sobre el cenicero, y empiezo a repasar mentalmente en todos los fracasos amorosos de mi vida.

Ya lo decía Carrie Bradshaw, quizá algunas mujeres no nacemos con el gen de novia, quizá simplemente no está en nosotras. O al menos esa es la hipótesis en la que voy a creer ahora, que mi ADN sufrió algún tipo de mutación que me hizo defectuosa.

Respiro, o suspiro. Ya no lo sé, a veces ya no sabes distinguir cual es cual. Mientras tanto tu mente trata de decirte que todo estará bien, que si superaste todas las anteriores seguro esta también. 

Después viene el duelo, esa etapa que puede adoptar infinidad de formas. Depresión, nostalgia, venganza, rabia, dolor, locura.... todas y cada una manifestándose, a veces por días, a veces por horas, a veces por minutos.

Y entonces recuerdas que tienes dos opciones: hundirte en tu tristeza o transformarlo en arte. Y yo elijo el arte.

martes, 13 de septiembre de 2016

La despedida...


Tristes, así son las despedidas. Creo que no hay otro adjetivo que les vaya mejor. No sé porqué pero a mi siempre me pasa que transcurren muy lento. Como esas escenas de las películas en las que todo se ve en cámara lenta y se escucha el sonido de un corazón latiendo. Así es como yo las siento, al menos. 

Después, te haces más consciente de que la vida esta hecha de encuentros y despedidas, y de qué aunque sean tristes, a veces son, también necesarios. Las despedidas te enseñan a apreciar el valor de los momentos, y a las personas, y te ayudan a comprender también ciertos aspectos de la vida que no podrías entender de otra manera.

Las despedidas son parte de la vida, lo sabemos, pero eso no las hace más fácil de sobrellevar. Tampoco nos hace anticipar el dolor que sentiremos, ni el tiempo que tardaremos en asimilar ese instante, y posiblemente todos los instantes anteriores.

Se llevan parte de nosotros, y eso es inevitable. Quizás por eso tenemos esa sensación tan extraña después de que ocurren, alejados, extraviados de la realidad, tristes, melancólicos.... quizás sea parte de nuestra "nueva realidad", del acomodo del mundo. de nuestra nueva compresión de las cosas. 

Sí, las despedidas son duras y son tristes. Inclusive pueden llegar a dividirnos, en antes y después de la despedida. He escuchado decir que la vida es un ciclo, un círculo que se repite, y siempre queda la esperanza de volvernos a encontrar.