sábado, 18 de abril de 2015

La chica triste...

Camino hasta la banca del parque. Me siento.
Casi no hay gente, una pareja enfrente de mí y un par de niño más allá,  jugando, vigilados de cerca por su padres. 
Enciendo un cigarrillo. Sin querer observo en la pareja que esta frente a mí. Están en plena sesión romática, hay besos, abrazos y caricias. El novio susurra algo en el oído de la chica que ríe. Se besan de nuevo, pero esta vez tardan más tiempo. El chico toma a su novia por la cintura y la atrae hacia si. Aparto la mirada, no quiero que me acusen de vouyerista. 
Saco el iPod y le doy play a una canción, es una canción triste, conocida. Me doy cuenta que estoy viviendo uno de esos momentos nostálgicos, como en las películas. Pienso en que me gustaría en que mi vida fuera una película, y que en este preciso momento pasaría el amor de mi vida en su bicicleta, nos miraríamos y sabriamos de inmediatos que somos el uno para el otro. Pero no. No hay chico ni bicicleta. 
Me percato de que la pareja se ha ido y de que se me ha terminado el cigarrillo. Enciendo otro. Apago el iPod, de todas formas no estoy escuchando la música. 
Miró a los niños y recuerdo mi niñez. Recuerdo que mi única preocupación era acabar pronto mis deberes para poder jugar... extraño esos tiempos. Peter Pan tenía razón, y yo quería crecer. Pff.
Después pienso en él y en todas las cosas que no fuimos. Pienso en que desearía que fuéramos algo, pero eso no sucederá. Ya lo he escrito un millón de veces. Después pienso en mis "ex-amores". Flashes de momentos cruzan mi mente. Quizás lo mío es la soledad.
Mientras expulso el humo viene una palabra a mi mente: Nostalgia. Y pienso en que quizás soy la chica triste. La que se sienta en la banca de un parque casi desértico a pensar en sus propias reflexiones mientras se fuma un cigarro. 
Escucho las risas de los niños y la soledad me invade. Tengo muchas preguntas y ninguna respuesta. Suspiro. Siento la tristeza invadiéndome poco a poco. Es un ciclo, la soledad le da paso a la nostalgia y ésta a la tristeza. Quizás vivo en un estado permanente de nostalgia. Quizás sea una chica triste.
El cigarrillo se ha terminado, y yo me voy del parque.


martes, 14 de abril de 2015

La mejor amiga


Ay que cosas. En estos días me he puesto a pensar mucho en la amistad, quizás sea por el hecho de que con una persona estoy teniendo una situación un tanto caótica, y eso me ha hecho replantearme algunas cosas. Un pensamiento cruzó mi cabeza: ¿Soy una buena amiga? 

Cuando era más joven solía pensar que no tenía "mejores amigos" porque yo sentía que todos mis amigos eran iguales para mí, que todos tenían el mismo valor y que con todos compartía lo mismo. Nadie era mejor que nadie y a todo los estimaba igual. Sí, así es la inocencia. Sin embargo, la vida en su sabiduría te va enseñando que (tristemente) hay niveles de amistad. Y es que siendo sinderos, no todos compartimos todo con todos (no sé si me expliqué, jejeje). Generalmente cada quién tiene una "lista de requisitos" que debe tener alguien para considerarlo un buen amigo, una serie de cualidades que para cada uno es muy importante y que mentalmente hacen que separemos a los amigos en súper amigos, amigos de fiesta, amigo de cotorreo, buenos amigos, malos amigos, en fin, hay un sinnumero de categorías. 

Lamentablemene no, no sé si soy una buena amiga. En mi lista mental tacho una infiidad de defectos que mis amigos ven en mí y pienso que por eso soy mala amiga, pero estoy viendo las cosas desde mi perspetiva, más no de la de ellos. Ahora que lo pienso creo que jamás he recibido el título de "mejor amiga" y eso me causa un trauma profundo. Sí me han dicho "eres una de mis mejores amigas", pero nunca la mejor, la que el gobierna el país de la amistad de esa persona (jajaja, si dramaticé). O al menos no que recuerdé en este momento, voy a insertar aquí el comentario de que mi memoria a corto plazo no es muy buena :(

Tampoco recuerdo que me hayan dado el título de "mala amiga" y eso lo agradezco. Quizás la única forma de averiguarlo sería preguntárselo a mis amigos, pero que tan objetiva creen que sería su respuesta? Me gustaria escuchar lo que me van a decir o probablemente se me rompería el corazón en mil pedazos? (sí, dramaticé de nuevo).

Sé que como amiga me falta mucho por mejorar, probablemente soy una de esas personas con muchas "áreas de oportunidad o mejora continua" como dice los calidólogos (si esa palabra no existe, lo sé, guiño OP!).

En fin, esto de la amistad es un tema complicado, y yo con tanta explicación y aluciones mías, ya quedé más traumada que antes. La siguiente vez diré: cabezita mía, por favor guarda silencio.


domingo, 12 de abril de 2015

La soledad según Benedetti

Ayer mientras iba rumbo a mi casa, me acordé de un poema de Benedetti,  "Rostro de vos" es como se llama. Es un poema que habla sobre la soledad, y vaya que la sentido últimamente. Una profunda y triste soledad. Y me desconcierta porque siempre he sido de la personas que tiene una buena relación con su soledad. Quizás sea una etapa, una de esas famosas "crisis" que dicen los psicológos, por las que todos atravesamos y que después de un rato se van. O tal vez sea tristeza. Esa tristeza que habita en mí, de forma natural, y que a ratos, se hace más fuerte, y su presencia se hace palpable. O tal vez sea la unión de las dos, creando un universo alterno, en el que tengo que ir a pasar algunos días. Muchas hipotésis sin respuestas. 

Rostro de Vos
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
Mario Benedetti

Y así es mi soledad, sin vos.

jueves, 9 de abril de 2015

Desayunando en Tiffany's


Recientemente ví la película "Breakfast at Tiffany's" y me gustó. En mí búsqueda de inspiración decidí lo retro sería algo cool, y como nunca había visto una película de la época dorada de Hollywood, decidí que esta sería una buena opción, una linda comedia romántica con outfits memorables (tenía que decirlo). No, no voy a escribir de que trata la película porque para eso ya existe Wikipedia, ni tampoco voy hablar de la ropa, porque eso necesitarse verse. Pero voy a hablar de unas frases que llamaron mi atención, aquí vamos:

"- Escuche ¿Sabe cuándo uno pasa por los días rojos?
- ¿Los días rojos? ¿Quiere decir deprimidos?
- No. Te deprimes cuando engordas o cuando llueve mucho. Te pones triste eso es todo. Los días rojos son horribles. De repente, uno tiene miedo y no sabe por qué.
- Por supuesto.
- Cuando me siento así, lo único que me ayuda es subir a un taxi e ir a Tiffany´s. Me calma los nervios enseguida. Es tan silencioso y soberbio. Allí no puede ocurrir nada malo. Si encontrara un lugar que me hiciera sentir como Tiffany´s entonces compraría muebles y le daría un nombre al gato."

Oh sí, esos días rojos. Todos hemos pasado por esos días, y últimamente creo que he pasado por más de la cuenta. Solo que yo aún no encuentro un lugar como Tiffany's, quizás lo más parecido para mí sea una librería, sí, una librería es un buen lugar. Es un lugar seguro y poético, rodeada de todas esas historias que nunca terminaré de leer pero que me inspiran, que me hacen sentir mejor. Cuando estoy teniendo uno de esos días, abro un libro y pongo a leer. Me hace sentir mejor, aunque a veces no quiero salirme de ese mundo tan maravilloso. Sí, al final creo que Holly tiene razón. Todos necesitamos un lugar como Tiffany's, un lugar que nos haga sentir mejor. Donde se te olviden tus preocupaciones y miedos, y te haga sentir esperanzado, en que esos días rojos pronto cambiarán.

“¿Sabes lo que te pasa? no tienes valor, tienes miedo, miedo de enfrentarte contigo misma y decir está bien, la vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula, tu misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.”  

Zas! Sentí una tremenda pedrada mientras decían esa frase. Quizás en ciertos aspectos me llegué a identificar con Holly. Siempre evadiendo, buscado la libertad en el exterior, sin darme cuenta que esa viene desde el interior. Pero cuesta demasiado. Muchos me dicen que fluya, que deje que la vida suceda, que me sorprenda... pero de repente aparecen mi control issues y todo de pone de cabeza. Y la libertad viene de ahí mismo, de nuestra mente. Vivimos atados a nuestros pensamientos, a nuestras suposiciones, a nuestros miedos, y hasta el día en que nos decidamos a cortar esas cadenas mentales podremos ser libres.  El problema es que resulta díficil romperlas, llevamos tanto tiempo con ellas que las hacemos parte de nosotros. Enamorarte de tus cadenas, es algo peligroso.Pero cuando logras liberarte, sientes algo especial, lo sé porque me ha pasado un par de veces. 

Tal vez a muchos les parezca una película un tanto frívola, pero creo que detras de todo el glamour, Holly solo es una chica que intenta encontrarse a sí misma.  No les diré el final, por si gustan verla.

Con su permiso, voy a desayunar a Tiffany's. ;)

lunes, 6 de abril de 2015

Perfección



Esta semana me dio por la soledad. Decidí cerrar el facebook y empezar un período de reflexión. Por alguna extraña razón comencé a sentirme sola, extraña, alejada de ese mundo virtual, que suele parecer paridisiaco pero que me estaba llegando a cansar. No les ha pasado que a veces tanta perfección cansa? Llega un punto en el que simplemente ya no te lo crees. Eso es algo que en lo personal me costó mucho aprender, que nada es perfecto, mucho menos los humanos. Yo solía tener un ideal de perfección, de querer ser perfecta para los demás: perfecta hija, perfecta amiga, perfecta estudiante. En algún momento llegué a pensar que lo era, sin embargo, no me estaba dando cuenta que ese afán por querer alcanzar la perfección me estaba costando a mi misma. Sentirme feliz y ser yo misma era algo que no entraba en ese mundo de perfección. Pero sentía que los demás, para los que yo me esforzaba en ser perfecta, si eran felices.

Me costó tiempo y terapia el simple hecho de aceptar que no era perfecta y que nadie podía serlo.  Sí, esa simple idea no podía entrar en mi cabeza, pero poco  poco he ido aceptando cada una de mis imperfecciones, y vaya que son demasiadas. Con muchas ya he hecho las paces, pero hay otras que aún me es díficil aceptar. Quizás haya cosas que nunca llegué a asimilar por completo, o hábitos que no quiera cambiar, porque al final nadie puede ser perfecto. Y son precisamente esas imperfecciones las que te hacen ser tu mismo.

Decidí salirme un rato de ese mundo de perfección y pisar un poco de realidad. Necesito soledad. Necesito coger una libreta y plasmar mis pensamientos. Debo poner un poco de orden al caos que vive en mi cabeza. Debo averiguar que es lo que me esta molestando y cambiarlo. Debo escribir. Reinvertarme. Y reconstruir lo que él se llevo. Recomponer un corazón roto lleva tiempo. Cambiar uno mismo lleva aún más tiempo.

jueves, 2 de abril de 2015

Una vez quise ser hombre...




Esto lo vi facebook y me gustó, así que decidí compartirlo:

"Una vez quise ser hombre
para casarme con mi hermana
que ya lleva tres divorcios.
Para amar a mis amigas
que en cada relación mueren un poco.
Quise ser hombre
para fecundar sus vientres,
no de hijos, sino de poesía,
vino tinto, relojes parados,
unicornios azules.
Para decirle a Josefina
cuanto admiro su forma de entregarse.
Para escribirle a Rosi
esas cartas que no llegan nunca.
Llamar por teléfono a Pilar
que espera tantas tardes.
Llenar de caricias prolongadas
el espacio de Beatriz,
que vive sola
y le tiene miedo a los temblores.
Quise ser hombre,
para amarlas a todas y no sentir más
el frío de sus lágrimas en mi playera,
ni mirarlas apagarse,
ni presenciar sus funerales
en sus ataúdes de treinta años.
Quise ser hombre
para llevarlas del brazo hasta una cama
donde no tengan que fingir orgasmos.
Pero soy mujer y, aunque puedo
compartir con ellas la poesía,
escribirles cartas,
llamarlas por teléfono,
bailar descalzas,
secar su llanto,
tocar su alma…
No es suficiente.
No les alcanza.
Porque, desde niñas, aprendieron
que los hombres son un premio al que hay que amar,
sin importar si ellos las aman"
 
Rosa María Roffiel