domingo, 21 de enero de 2018

Si no puedo tenerte...


Si no puedo tenerte por lo menos déjame escribirte.
Si no puedo tenerte por lo menos déjame soñarte.
Si no puedo tenerte por lo menos déjame inventarte.
Si no puedo tenerte por lo menos déjame suspirarte.
Si no puedo tenerte por lo menos déjame pensarte.
Si no puedo tenerte por lo menos déjame verte.
Si no puedo tenerte por lo menos déjame inspirarme.
Si no puedo tenerte por lo menos habita en versos que escribo para ti.
Si no puedo tenerte por lo menos no te burles de mí.
Si no puedo tenerte por lo menos lee estas líneas que fueron creadas para ti.
Si no puedo tenerte por lo menos recuérdame.
Si no puedo tenerte déjame crearte un nuevo mundo.  
Si no puedo tenerte déjame ir.


martes, 16 de enero de 2018

Amores que no aplican




Hay amores que no aplican en nuestra vida.
Hay amores que son solo un instante, un suspiro.
Hay amores que no pueden quedarse.
Hay amores que están destinados a no ser.
Hay amores a destiempo.
Hay amores prohibidos.
Hay amores que sólo existen en silencio.
Hay amores que se van evaporando.
Hay amores que solo son un recuerdo.
Hay amores que existen solo en versos.
Hay amores platónicos.
Hay amores que solo son sueños.
Hay amores en el olvido.
Hay amores que ya han partido.
Hay amores que dejan cicatrices.
Hay amores que ya no están con nosotros.
Hay amores que duelen.
Hay amores que destruyen.
Hay amores que desafían el amor.

Y en algún lugar de esos amores, está el nuestro, amor.


domingo, 14 de enero de 2018

Lo que pudo haber sido...


Pienso en lo que pudo haber sido si hubiésemos sido diferentes.
Si las circunstancias fueran distintas.

A veces pienso que existe una versión alternativa de nosotros en algún mundo paralelo.
Y en ese mundo existe el nosotros.
Imagino que caminamos de la mano, bajo un atardecer violeta.
Imagino que te abrazo, libremente, sin complicaciones.
Imagino que puede ver tus ojos mi reflejo.
Imagino que en ese mundo nos amamos.

A veces pienso en lo que pudo haber sido.
Quizá pudimos ser una historia de amor épica.
Quizá miraríamos las estrellas en el bosque.
Quizá te escribiría miles de versos.

A veces pienso en lo que pudo haber sido si todo hubiese sido diferente.
Incluidos nosotros.
Pero tengo que dejar de pensar en ellos, porque solo tengo este mundo
solo tengo esta realidad donde no estás conmigo.

Tengo este mundo dónde todo esto son ensoñaciones,
cosas que nunca serán.
Tengo este mundo nada más, sin ti, sin nosotros,
tengo este mundo dónde las palabras han formado este intento de poema,
en un intento vano también, de crear un nosotros.



lunes, 8 de enero de 2018

Pensamientos nocturnos...


Hay un lugar en Monterrey que se llama "El Obispado". Es un mirador. Recuerdo que cuando lo visité la vista me cortó la respiración. Era de noche y el clima era fresco, no hacía demasiado fresco, así que me parecía perfecto. Me acerqué al barandal y contemplé la ciudad. Me pareció un espectáculo hermoso, las luces inundaban todo a mi alrededor como si fueran un reflejo de las estrellas del cielo. 

Cerca de mí, una chica y un chico llevaban un par de cafés y se los tomaron allí mismo. Se sentaron sobre el piso y charlaban animadamente. Hubiese querido hacer lo mismo, hubiese querido tener allí un café y tomármelo en ese lugar, en aquel mirador donde podía contemplar toda la ciudad. Envidié su capacidad para olvidarse del mundo por un par de horas, o de minutos, el tiempo que durará el café. Yo también deseaba olvidarme del mundo.

Más allá, una pareja se besaba en la oscuridad. Las sombras los cubrían, y a mí me parecía lo más romántico del mundo. Deseé para mis adentros algún día hacer lo mismo. Regresar y pisar ese lugar de nuevo, y besarme con alguien como aquella pareja lo hacía. 

Atrás de mí, un niño brincaba los escalones que había. Sonreía. Sus padres lo vigilaban de cerca. Yo lo miré y pensé si algún día tendría hijos y si lo traería a este lugar. Esa era interrogante que aún no podía responder.

Del otro lado un muchacho se fumaba un cigarro. Cuando vi el humo desaparecer en la noche se me antojó tener un en aquel instante y sentir el humo pasar por garganta. Deseaba perderme en mis pensamientos mientras el cigarro se consumía.

Después un halo de nostalgia se posó en mí. Después pensé en él, y qué aunque fuera lo más ilógico del mundo, deseaba que estuviera allí. Que nos tomáramos de la mano y contempláramos aquella parte del mundo. Sí, tal vez era una idea estúpida pero era lo que deseaba en aquél instante.

Pero eso no existía, el presente era totalmente distinto. Así que me concentré en él y lo disfruté.

sábado, 6 de enero de 2018

Gracias...


Gracias por romperme el corazón.
Gracias por recordarme que sentir dolor es parte de estar vivo.
Gracias por hacerme sentir algo que pensé que nunca experimentaría.
Gracias por hacerme recordar el valor que me debo a mi misma.
Gracias porqué aunque perdí mucho por ti gané más experiencia.
Gracias porque por un momento derribaste mis paredes, y ahora sé que no san fuertes como yo pensaba.
Gracias porque ahora vuelvo a recordar lo que no quiero en mi vida.
Gracias por recordarme que las personas que vamos conociendo en el camino, son maestros, y tú me enseñaste mucho.
Gracias por recordarme que muchas veces es mejor la soledad que las malas compañías.
Gracias porque de ahora en adelante no volveré a ser la misma.
Gracias por darme material para escribir.
Gracias por las mentiras, porque ahora apreció aún más la honestidad que me rodea.
Y al final, gracias por dejarme de hablar, porqué creo que yo no hubiera podido hacerlo.


jueves, 4 de enero de 2018

Las historias...


Dicen que los libros nos llegan en los momentos indicados.  Eso pensé mientras le daba vuelta la página al libro que estaba leyendo. Las palabras unidas en oraciones me recordaban a una sola persona. Pensé en las historias que relataba aquella novela, y en la manera en qué, aunque eran múltiples mujeres las que aparecían, yo me identificaba con cada una. Me parecía que a párrafos bien yo hubiese podido estar contando esa historia.

Con la pluma lista, voy subrayando aquellas frases con las que me siento identificada en ese momento. Y en cada una de ellas no puedo evitar pensar en una misma persona. Me parece tan triste a veces, y otras, tan liberador. 

Quizás, lo libros si llegan cuando los necesitamos. Quizás en ellos podemos hallar una poca de sabiduría que creemos que nos hace falta. Quizá lo necesitamos como otra forma de conectarnos con alguien, de saber que alguien es capaz de traducir lo que sentimos en palabras. 

A veces, mientras leo, en vez de imaginarme a los protagonistas, me imagino diciéndole esas palabras a la persona en la que estoy pensando. Y desearía poder decírselas en verdad. Pero no siempre se puede. 

He vuelto a entender que no todas las historias pueden tener finales felices, que algunas solo son momentos de la vida, que son transitorias, que quizá nunca las comprenderemos, pero de alguna manera afectaran a quienes seremos, algún día. 

Y tal vez yo algún también, cierre los ojos y recuerde nuestra pequeña y fugaz historia.

lunes, 1 de enero de 2018

Imaginemos...


La otra vez iba escuchando la radio, y dieron el reporte del tiempo. También mencionaron que la calidad del aire no era muy buena, debido a la contaminación. Dieron un puntaje de acuerdo a la escala IMECA. Esto último me puso a pensar.

Me pregunté como sería si en vez de medir el índice de contaminación del aire midiéramos la composición de la atmósfera en términos distintos. Imaginemos que pudiéramos medir todos los suspiros que se han perdido en nombre de alguien. A veces me pregunto que pasa con esos suspiros, si se transforman en vapor de agua, si desaparecen, si se van a otra dimensión o si se transforman en algún tipo de magia desconocida.

Imaginemos, que medimos la composición del aire, en base en aquellos momentos que nos cortan la respiración. Cuando estrechamos a alguien en nuestros brazos, cuando perdemos la noción del tiempo en un beso, cuando cerramos los ojos en el momento del éxtasis, cuando contemplamos un paisaje, cuando experimentamos un milagro.

Imaginemos que medimos la composición del aire en base a las lágrimas que hemos derramado, de felicidad y de dolor. Cuando alguien ya no está con nosotros, o cuando nos reencontramos con alguien, cuando las madres cargan a sus bebé, cuando cumplimos un sueño.

Imaginemos que medimos la composición del aire en base a lo que transpiramos. Cuando corremos una carrera, o cuando hacemos el amor, o cuando trabajamos duro para llevar el pan a casa. 

Imaginemos que pudiéramos medir la composición de la atmósfera en base a todo eso. Yo imagino que vivimos bajo una enorme nube llena de sueños, de dolor, de esperanza, de amor.  Y a diario caminamos debajo de ella, pero no nos damos cuenta, ya no volteamos más al cielo.  

Imaginemos todas esas historias rotas. Todas aquellas promesas que flotan. Todo los sueños que forman esa inmensa nube.  Hay una parte de nosotros también allí.