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sábado, 13 de octubre de 2018

La otra versión de mí...


La otra versión de mí te quería.
La otra versión de mí justificaba todo lo que hacías. Incluyendo aquellas cosas que me lastimaban.
La otra versión de mí creía en ti.
La otra versión de mí confiaba en ti.
La otra versión de mí aceptaba tus defectos.
La otra versión de mi siempre busco entenderte.
La otra versión de mí regresaba a ti, aun sabiendo que no era lo mejor.
La otra versión de mí no entendía razones.
La otra versión de mí creía en que podías llegar a ser un mejor hombre.

La otra parte de mí se ha ido. Ha dejado de existir.
Y con ella te has ido tu también.
Y esta nueva versión de mí, ya no es lo que era.
Ese es el poder de la transformación.
Cada vez que nos rompemos tenemos la oportunidad de reconstruirnos en alguien diferente.
Más fuerte, menos crédula.
Más determinada, menos vacilante.
Más valiente, menos temerosa.

Y así vamos caminando por la vida,
recogiendo los pedazos que nos quedan
y transformándolos en una nueva de existir.

****
Con dedicación especial para S, que sé que atraviesa un momento difícil, pero sé que saldrá adelante. Transformada.


domingo, 2 de septiembre de 2018

El día en que descubrí que no eras como yo pensaba


Aún recuerdo el día en que descubrí que no eras quién yo pensaba. Crash! Escuché como si cayera un vaso de vidrio en el suelo y se rompiera en mil pedazos. Así de aplastante fueron la realidad de los hechos. Lo debí de haber previsto, debí hacer caso a mi intuición, pero mi apego ciego y mi esperanza vaga me dijeron que me hiciera de la vista gorda y que confiara (una vez más) en ti. La estocada final, la que más dolió, terminó con la batalla. Al fin, me tuviste en el piso y desde ahí pude verte a la cara, y en tus ojos pude ver el reflejo de lo que siempre supe, pero que me negaba a aceptar. Tú, mientras tanto, me veías desde arriba, tu posición favorita, derrotada, y te regocijabas. El corazón debía latirte con fuerza, después de todo habías ganado la batalla. Ahora puedo reconocerte como un maestro del esgrima, con tus perfectos movimientos bien trazados, perfectamente calculados en una danza en la que llevabas la ventaja.

Te quitaste la máscara, y fue en ese momento, en que supe que todo estaba perdido. Quería levantarme y felicitarte, pero no tuve las fuerzas para hacerlo. Me habías vencido. Ahora no me quedaba más que curarme las heridas. Me miraste, como siempre lo hacías, y después te marchaste. La batalla había concluido. Ahora necesitabas una nueva que librar, aunque ambos sabemos, que la más difícil para ti, es la que tienes contigo mismo. 

Dejé que el dolor corriera. Dejé que las heridas ardieran, porque sabía que algún día iban a cicatrizar. Así que las mantuve al rojo vivo, necesitaba que se desangraran para liberarme. Recuerdo que ese día, tomé un baño, y que el agua me supo salada, como las lágrimas que había derramado. Admito mi culpa. Ahora reconozco mis fallas. Creé expectativas, construí un mundo de caramelo dónde no había más que azúcar amargo. Fue mi error, mi fantasía (sí, como dice la canción).

Quise ganar una batalla dónde sabía  claramente que llevaba las de perder. Los que observaban nuestro duelo me lo dijeron claramente, abandona la partida! Vas a perder! Lo gritaban pero yo los ignoraba. Todo parecía menos importante a menos que fuera contigo. Pero eso ahora ya no importa.

Aún recuerdo el día en que descubrí que no eras quién yo pensaba, y nunca lo fuiste. Eras una creación de mi mente, que te creaba una personalidad superpuesta de todo lo que yo quería que fueras. Quién eres, lo sabes solo tú, o eso espero al menos. Fuiste una creación divina de mi mente, con todos los atributos  que muy pocos pueden poseer, un sueño de los dioses. Me sorprende lo maravillosa que puede llegar a ser mi imaginación. No debí crearte, debí aceptarte. Debí de aceptar desde mucho antes que perdería, debí aceptar que eras como eras y que nunca serías como yo deseaba que fueras, debí aceptarte y alejarme, porque el mundo que había creado para los dos jamás podría existir en la realidad. Pero a veces me dejo llevar por mis pensamientos, me divago. 

No voy a escapar a mi culpa, los castillos en el aire fueron de mi autoría, por crear expectativas y por un sinfín de cosas más. Sin embargo, ahora te libero de mí, gracias por el aprendizaje, ahora eres como un Yoda para mí. Es tiempo de avanzar, de seguir el camino. Ya puedes sumar mi derrota a una más de tus victorias. Lamento haberte puesto atributos que no tienes, virtudes que no posees y creerte perfecto.  Lamento haber convertido la realidad en una fantasía.  Lamento haberte hecho mi Romeo cuándo claramente yo no era tu Julieta. A mi favor solo diré que son tendencias de escritores.
Pero no te preocupes, ahora que sé como eres, ahora que el mundo de caramelo ha desaparecido, te libero de mis pensamientos. Lamento haberte querido convertir en inmortal cuándo claramente prefieres la banalidad. Mi error.

A veces cierro los ojos y me acuerdo de ese día, el día en que descubrí que no eras como yo pensaba, el día en que se me derrumbaron los sentimientos, y se me rompió el corazón. El día en que te convertiste en recuerdo. Y pienso que era necesario que lo hiciera, que te pudiese ver así, sin tapujos, desnudo, tu verdadero yo. Porque a veces necesitas cerrar los ojos para abrirlos a la realidad.